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Elogio a quien pretende enseñar
El primer día en el aula, los maestros suelen escribir un nombre propio, el título de la materia o una frase en el pizarrón. Pueden empezar su clase con una anécdota, una pregunta o la anunciación del objetivo. La noche anterior, o hasta minutos antes, han pensado cómo van a presentar su tema, qué van a decir, o cómo se van a acercar a los universos de otras personas. Horas invisibles antecedieron para organizar los contenidos, imaginar la mejor manera de iniciar la sesión y


El libro que salvó al mundo
Alejandro Magno mandando guardar los libros de Homero: Cortesía de la Biblioteca Nacional de España ¿qué sentido tiene retornar al lugar donde nunca se ha estado pero del cual jamás he salido?” Antes de practicarse una eutanasia, conversamos varias veces con mi papá acerca del valor de los libros en un mundo donde el documento digital reinaba. En sus últimos años, había decidido retomar autores “pasados de moda” para el mundo universitario, el de los índices de citación. Él


Más que (o además de) buenos deseos, un anuncio
Varias escenas apocalípticas del Mensajero Profético (ca. 1827–61). The public domain review Bien mirado, al menos tres o cuatro veces en cada siglo alguien anuncia el fin del mundo, me recordó un amigo hace unos meses. Estábamos detenidos en el tráfico en una de esas grandes avenidas del sur de la ciudad de México que algún día fueron ríos. Hace quinientos años, el cauce aquel desembocaba en el hermoso lago en cuyo centro bullía México Tenochtitlan. Ahora, ya cubierto de as


De un país dan fe sus animales
Fragmento de "Castigos del Infierno" o "Residencia del Infierno Número 1", impreso por Ravi Varma Press. «De un país dan fe sus animales. Nuestra actitud hacia ellos. Si la gente se comporta brutalmente con los animales, no hay democracia que pueda ayudarlos, ni nada en absoluto», advierte Olga Tokarczuc, en su inquietante novela policiaco-ecológica Sobre los huesos de los muertos . Líneas que, desde luego, hacen resonancia con aquellas célebres palabras atribuidas a Gandhi


En otro mundo...
Ilustración de Oamul Lu. A quien le preguntaba su edad, Marguerite Yourcenar habría respondido que ésta cambiaba de hora en hora: «En los momentos de cansancio, tengo mil años; cuando trabajo, tengo cuarenta, y en el jardín, junto a mi perro, me siento muy pequeña… tengo cuatro años». No sé si la frase está bien atribuida, pero es cierta. Yo también tengo cuatro años cuando estoy con un animal, y quizá sea porque me transportan inmediatamente a la infancia que amo tanto su co
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