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Trabajadoras del hogar ante una pandemia: algo que escuchar

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Jardín Lac es un laboratorio para construir con otros un espacio para todos, a partir de la escucha y la conversación.


Para Mauricio.


En torno a dos millones y medio de mujeres en México dejan diariamente su

hogar para trabajar en otro domicilio. Trabajadoras que, salvo rara excepción,

no cuentan con derechos laborales ni seguridad social: 70% recibe como

máximo dos salarios mínimos por día (11 dólares). En una gran parte de los casos son mujeres que son jefas de su propio hogar, las que llevan el dinero, las que sacan los hijos adelante.



En esta ocasión Jardín Lac ha contado con la colaboración de Andrea Santiago para escuchar a cuatro de estas mujeres trabajadoras. Andrea, 33 años, investigadora, activista desde Nosotrxs, movimiento político al que pertenece, y donde dinamiza el colectivo de Trabajadoras del hogar. Lleva

muchos años laborando con ellas, escuchándolas, ayudando a que se organicen

y defiendan sus derechos. Aprendiendo de ellas y con ellas.



Nos ha acercado con Cristina, Laura, Angélica y Josefina, que trabajan en la Ciudad de México, para plantearles dos de las preguntas que hemos formulado en este espacio. Por un lado, ¿cómo vives esta pandemia: un regalo, una calamidad, o ambas cosas? Por otro, ¿qué es lo más valioso que has aprendido?


Cristina lo resume así: 


“Un regalo, para nada. Está complicado. De repente te dicen que ya no vayas, y una va al día. No te van a pagar o, algunos, pagarán la mitad. ¿Y cómo resuelvo todo eso? Los gastos de diario… si uno se enferma igual hay que gastar. Está muy difícil la situación. Tomarlo como un regalo, como unas vacaciones, pues para nada.

Lo único bueno que le veo es que conviví más con mi familia, con mis hijos, me dio la oportunidad de platicar con ellos, consentirlos algo más. Porque ha sido trabajo, trabajo, trabajo, siempre andar corriendo”.


Una sociedad que ha hecho normal que alguien deje a sus hijos para salir a trabajar en una casa donde los padres dejan a sus hijos para salir a trabajar. En no pocos casos un virus ha dado tiempo para conocer a los que viven bajo un mismo techo.



Pagar la luz, agua, gas, los gastos para vivir es una preocupación. Pero..., dice Laura,  


“también estoy conviviendo con mis hijos, estoy un poco más con ellos, estoy yo creo conociendo algo que cuando uno se va a trabajar y les deja uno solos, no sabe uno. Estoy conociendo su manera de pensar, el carácter que ellos tienen,  porque al irme yo a trabajar pos hasta cierto punto los dejo solos”.


Realmente, la pandemia ha posibilitado mirar con extrañamiento nuestra normalidad. En palabras de Andrea Santiago, se libera el “tiempo” , algo muy difícil  de comprar, pero extraordinariamente valioso.



Desde Jardín Lac nos planteamos que, quizás, en este aislamiento podemos construir entre todos un espacio público que reconozca el valor de lo diverso y alimentarnos de él: un espacio para animar la conversación entre los diferentes y, también, la conversación de uno con uno mismo.


Como nos comenta Andrea, al escuchar los testimonios de estas cuatro trabajadoras, saltan a la luz no sólo el desamparo de millones de mujeres como ellas, sino la necesidad de repensar la jornada laboral y el uso del tiempo. Nada puede tener valor si no le damos tiempo, es decir, atención y cuidado.


Escuchar a cuatro mujeres trabajadoras es pues una plataforma para pensar de otra manera nuestras prioridades y crear una nueva normalidad.  ¿Tendremos el valor de hacerlo?


Escucha y comparte, envíanos tu testimonio (escrito o sonoro) a palabrasparaunjardin@gmail.com


El espacio público es construcción de todos, no viene dado.



  • Audio de fondo: El silencio, de Vetiver Bong, del álbum Inmersiva.



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