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Lo que Jardín Lac escucha


En su primer mes Jardín Lac ha escuchado muchas voces. Casi todas femeninas. Quizás por lo que dijo John Berger: “Las mujeres son un ejército aparte. Observen sobre todo sus ojos”. Mujeres que han respondido a una pregunta inicial de Jardín Lac: cómo estás viviendo estos días, ¿cómo una calamidad o como un regalo? ¿O las dos cosas? Y sí, en las voces escuchadas, predomina esta última opción. Cindy lo expresa muy claro: “Estos meses han sido un vaivén, voy del disfrute a la incertidumbre, muchas veces en el mismo día”. Y también Sandy S.: “Un poco de ambas. Veces y veces nos come un poquito más la ansiedad, luego el creer que ya comenzará todo a reactivarse y otra vez pa’tras… es diario una montaña rusa”. O Sandra F.: “Sin duda las dos cosas… calamidad es porque limitas un recorrido por el mundo y un regalo para construir un hogar”.




Jardín japonés.


Esta última palabra (en sus múltiples acepciones) es definitoria en estos tiempos extraños. Lo que antes no era, en muchas ocasiones, más que una casilla de salida en el juego de la vida, ahora cobra otra dimensión. Áurea X. lo dice así: “un regalo porque también he podido dedicarme a realmente darle forma a un hogar que antes era más bien una estación de paso” y Verónica M.: “dedicar tiempo al espacio donde vivo”.


No son unas vacaciones prolongadas, el sufrimiento, la muerte, nos visitan. Ale G.: “Hasta apenas hace un par de semanas he empezado a tener personas cercanas que han tenido algún familiar que ha muerto por COVID y esta parte vuelve a crear un poco de ansiedad”. Cindy: “Sí, no todo es miel sobre hojuelas, ha habido pérdidas y sobresaltos”. Diana G.: “Aunque todo esto no signifique que el miedo y la angustia y el llanto no me visiten en ocasiones cuando veo noticias o me entero de alguien cercano que ha muerto”. Y desde Xochimilco, un dolor que alcanza al planeta: “Me preocupan personas que no conozco, me duele el mundo (como lo decía el autor)... Hay veces que el mundo nos duele mucho, me está doliendo demasiado”.

De Milpa Alta, el territorio rural de la Ciudad de México, donde se produce 80% del nopal que se consume en México, nos llega la voz de Marcia R.: “Las situaciones que se agudizan por la pandemia, como encontrar un médico para tratar una urgencia no-covid cuando se vive en una de las localidades con semáforo rojo y tan alejada del centro de la ciudad; Milpa Alta tiene su encanto, pero en este caso es algo que juega en contra”.

Y está la incertidumbre, en muchos casos la angustia, económica. Ale G.: “Al principio fue con mucha incertidumbre, yo trabajo de manera independiente y sólo tenía un plan de ahorro para tres meses para cualquier eventualidad. Afortunadamente el trabajo siguió fluyendo y eso permitió que lo tomara con más calma”. Áurea X.: “La parte calamitosa viene más bien de observar la precariedad que viven otras personas y no saber en qué medida puedo ayudar”.


Una pandemia que, parece, ha servido para tomar más conciencia de nosotros mismos y de los que nos rodean. Raiza D.: “He podido disfrutar mucho más de mi familia, de mi hija. Y la virtualidad me ha permitido conocer iniciativas muy bonitas de colegas que siento van alimentando mi trabajo”. Diana G.: “Convivir más con mi familia, aprender a ser más tolerante y a darme permiso de volver a jugar con mis hijos como de niña lo hacía. Una oportunidad de reinventarme profesionalmente, de buscar libros que quiero leer”. Cindy: “He podido realizar proyectos personales que tenía rezagados por falta de tiempo (o ánimo). Un pequeño jardín en casa será lo que me deje este resguardo”. Verónica M.: “Meditar y experimentar, ¿qué es bueno para mi salud? Qué reacción tengo a algunos alimentos, qué me regalo todos los días. Qué me regalan los días, etc.”.

"Me ha dado la oportunidad de observar y ofrecer valor a las cosas, la naturaleza, ver... qué es el tiempo". (Verónica M.)

Pero en la escucha atenta de las palabras en el jardín dos destacan: tiempo y naturaleza. Verónica M. lo sintetiza con precisión: “Me ha dado la oportunidad de observar y ofrecer valor a las cosas, la naturaleza, ver... qué es el tiempo. En fin... es una oportunidad que la vida me da... aprender con el corazón y no sólo con la mente”. Marcia R.: “Me permite tomar todo con más calma, disfrutar el paso de los días”. Diana G.: “Una oportunidad de voltear a ver el cielo, porque en la prisa de los días de antes no lo miré”. Y un testimonio femenino anónimo nos dice: “Me agrada sobremanera la sensación de la noprisa, me siento más libre y dueña de mi tiempo, incluso de mi cuerpo, porque ahora no  me ejercito en cámara rápida, puedo pensar el ejercicio que quiero hacer y sentir cómo impacta en cada músculo”. Ver qué es el tiempo.

Mateo J. desde Bogotá, tan lejos tan cerca, tiene su parecer: “Si te lo susurro al oído te diré que temo regresar a la vida anterior. No por el trabajo, no por los compañeros. Es por el tiempo que he empleado día con día, mes con mes, para desplazarme. Tres o cuatro horas diarias. Ahora mis días tienen otra dimensión”.


"Para mí, ha sido un regalo, pero no un regalo que se regala... sino un regalo que se conquista".

Desde su casa en Xochimilco un profesor dice el 13 de julio: “Ayer, por fin salí como antes… Por la mañana pensé en elegir el mejor lugar para visitar, pues como en los juegos que jugaba de pequeño, sólo tenía una oportunidad para decidir el mejor sitio… Pensé, que de tantos lugares que hay en esta ciudad, lo mejor sería ir al bosque, seguramente muchos querrían ya visitar tiendas comerciales e ir de compras… No lo sé, yo fui al bosque… Llegué, tendí la telita de colores, sacamos las cosas de la bolsa y preparamos la fruta, el almuerzo… Miré a mis padres… Ellos y yo viajamos en el mismo vagón desde el 23 de marzo pasado… Nos abrazó el bosque, nos recordó que todo sigue bello, que lo más grande, está en lo más pequeño… que la vida está en abrazar un árbol, estar a su sombra, oler el perfume que la naturaleza se pone, sobre todo en las mañanas; ella siempre ha estado lista para nosotros, ahora nos toca prepararnos para ella… Por fin abracé de nuevo, abracé a un gran árbol… y me regaló su cobijo…

Para mí, ha sido un regalo, pero no un regalo que se regala… sino un regalo que se conquista… Porque también en días fue y ha sido una calamidad… que espero no me mate, sino que me invite también, a descifrar…”.

Eso, un regalo que se conquista.

Así lo dice una cita que alguien sembró en el jardín: ““Todo se ha escrito, todo se ha dicho, todo se ha hecho, oyó Dios que le decían y aún no había creado el mundo”. (Museo de la Novela de la Eterna / Macedonio Fernández).



Voces que Jardín Lac escucha de personas que no se conocen entre sí, que viven en lugares distintos, pero que se han encontrado en el jardín, y van a encontrar a muchas otras. Para seguir animando la conversación que es el primer abono para hacer de estos momentos, oportunidades.

Comunicar lo propio puede ayudar a otros a ver su propia vida (trabajo, relaciones, intereses) de una manera diferente y a repensar sus deseos y necesidades.

Te animamos a compartir y enviar a palabrasparaunjardin@gmail.com tu respuesta a las siguientes preguntas.

¿Cómo sientes que se está transformando el aprender y el enseñar dentro y fuera de las escuelas? ¿Qué se volvió innecesario, qué está emergiendo y qué debemos fortalecer a partir de lo que observamos en esta crisis para fortalecer tanto la enseñanza como el aprendizaje?


El espacio público es construcción de todos, no viene dado.




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