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Ni regalo, ni calamidad: una advertencia


El siguiente testimonio llega de la ciudad de Oaxaca. Nos lo proporciona Alejandro, 60 años, oaxaqueño, arquitecto que cuida con esmero el patio de la casa familiar: limpia, riega, poda, compone, siembra y hace composta. Su faceta comunitaria la encauza desde su participación en el comité vecinal del barrio. Desde Jardín Lac le preguntamos: Cómo estás viviendo estos días: ¿cómo una calamidad o como un regalo? ¿O las dos cosas?



Patio oaxaqueño. LUIS CABRAL


Más que esas palabras, regalo y calamidad, yo elegiría la de advertencia.

Si lo viéramos así, de modo reflexivo, de echarle coco, lo vería como el cuerpo que te da síntomas de que algo va mal; pues obviamente la Tierra, que es otro megacuerpo, avisa de que algo está fallando. Toda esta forma de vida, el consumo, el crecimiento, que somos 7,000 millones de cabrones. El otro día leía un artículo de Silvia Ribeiro (Gestando la próxima pandemia) en el que señala que se está gestando un virus peor que este, por el confinamiento y sistemas de producción de los ovinos, los caprinos, las aves… con todo lo que les inyectan. Estamos creando Frankenstein, de algún modo. Es una advertencia, es un aviso de ¡Aguas, cabrones!


Este microbio, todo el desmadre que armó. Eso me llamó la atención, este microbio lo que provocó y cómo es posible que toda la gente, de los gobiernos, no podamos estar unidos para combatirlo sino cada quien por su lado. Y eso pensaba, si un microbio que ni lo vemos, ha provocado todo esto, ¿cómo reaccionaríamos a algo externo? Esto de la ciencia ficción, un asteroide o un virus que venga del exterior. Puta, ¿nunca podremos ponernos de acuerdo, unirnos para un fenómeno de este tipo?

Alguien decía que un poco gracias al coronavirus no se desató la tercera guerra mundial, porque ya estaban estos cabrones a un punto de agarrarse a chingadazos: los conflictos con Irán, la guerra comercial con China, las intervenciones estadounidenses en América Latina y el apoyo de Rusia. Estaba muy tensa la situación. Y viene el coronavirus y como que esto, de algún modo, enfoca la atención hacia otra cosa. Pero yo a veces pensaba, híjole, mano, si uno pudiera medir el dolor. Lo peor de esto es el dolor de las familias donde ha sucedido un fallecimiento, la pérdida de un ser querido. No se cuantifica pero cuánto dolor no ha habido de los cientos de miles que han muerto. Y que digas, no hay una toma de conciencia, que digas, mira cuanto sufrimiento ha habido.


Luego, la limpieza de la naturaleza, que se ha desintoxicado, y las fotos satelitales, la acción de los animales que han regresado, la limpieza de los canales de Venecia, el regreso a la playa de animales marinos, animales silvestres reconociendo su hábitat antes del crecimiento poblacional de las ciudades… Mira, te están dando unas señales de lo que hemos hecho mal y de lo que se puede hacer bien y ¿cómo es posible que con tanto dolor y con estas señales, no se empiece a hablar de medidas alternativas, no solamente de lo económico? Nos van a meter una lavada de coco de ¡órale cabrones! a producir, que si el crecimiento… Y no se está viendo lo otro, que de algún modo te está dando una advertencia.

Si uno fuera reflexivo, en una toma de conciencia, sería una buena advertencia de que lo estamos haciendo mal y tratar de no cambiar todo pero empezar a tomar conciencia de que vamos por un rumbo equivocado. Ya todos lo sabemos, nadie toma conciencia de eso. Y siempre lo achaco a la condición humana, si es que eso puede existir, de que hay un porcentaje en la población que sí tiene la conciencia, es reflexivo y todo, pero la mayoría… uta madre, les vale madre. Y de todo tipo, desde estos grandes comerciantes que están viendo más sus intereses hasta el lumpen, que le vale madre todo. Y entre dentro de eso, todo el espectro de gente. Es difícil que podamos coincidir en algo que nos puede beneficiar a todos o que nos afecte.


Si es recurrente, como dicen, y no encuentran la vacuna, si hay una segunda vuelta en el invierno próximo… Si no se controla y vuelve a venir… Ojalá tuviéramos la claridad de ver, cambiar de alternativas de desarrollo, a largo plazo obviamente. Pero sí lo veo como una advertencia de la naturaleza por los hábitos de desarrollo.


Escucha y comparte, envíanos tu testimonio (escrito o sonoro) a palabrasparaunjardin@gmail.com


El espacio público es construcción de todos, no viene dado.




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