SueƱos del kindergarten
- Christina Soto Van Der Plas
- 9 sept 2022
- 5 Min. de lectura
En mi jardĆn de niƱos no habĆa ningĆŗn jardĆn. Enrejado en una zona residencial de Tlalnepantla (al norte de la Ciudad de MĆ©xico) tenĆamos un patio de cemento con algunos juegos metĆ”licos. Sobre el cemento, quienes no tenĆan noción de cuĆ”nto mide el pie de un niƱo de tres aƱos, pintaron con rayas amarillas gigantes algunos avioncitos en los que realmente no podĆamos jugar. Sobre el cemento habĆa tambiĆ©n rayas sobre las que nos debĆamos de formar cuando comenzaba a sonar la mĆŗsica que marcaba el fin del recreo. En cuanto repicara el timbre, nos exigĆan estar listos como soldados, con nuestro grupo. Nuestro jardĆn era una jungla de metal y de cemento reglamentado.
El patio del jardĆn de niƱos simulaba al de una prisión y estaba enteramente enrejado. Solo detrĆ”s de las rejas se podĆa vislumbrar el mundo de afuera: algunos Ć”rboles, la papelerĆa, el pueblito. El Ćŗnico sobreviviente al encementado era un Ć”rbol de pirul moribundo, enmarcado por un cuadro, obviamente de cemento, en donde a veces nos sentĆ”bamos a almorzar. Las niƱas que jugaban a āla comiditaā juntaban palos, tierra y los ramilletes de bolitas rojas que colgaban del Ć”rbol. DespuĆ©s, nos ofrecĆan los suculentos platos que habĆan preparado, en hojas de papel. El triste pirul era la Ćŗnica y mĆ”s importante raĆz de todos nuestros mundos. A veces era la base para estar a salvo de las persecuciones. Otras veces era la cueva del lobo que se escondĆa detrĆ”s, cuando jugĆ”bamos en un bosque imaginario, esperando āmientras el lobo no estĆ”, porque si el lobo aparece, a todos nos comerĆ”ā. Y otros dĆas el Ć”rbol era la tienda de municiones donde mis compaƱeros armaban un arsenal de bolitas para dispararse durante la clase. Para mĆ, el Ć”rbol era el perfecto modo de construir pequeƱas casas y creaciones: me daba madera y personajes redondos, barro y pequeƱas hojas para decorar.
El creador de la institución de los jardines de niƱos (o Kindergarten), Friedrich Froebel, querĆa que los espacios donde los niƱos mĆ”s pequeƱos se iban a reunir no fueran escuelas con aulas en el sentido tradicional, sino jardines. Su visión de los jardines de niƱos surgió de una compleja conjunción de la visión romĆ”ntica alemana de la unión con la naturaleza y de una pedagogĆa progresiva (del pedagogo suizo Pestalozzi) que alentaba la curiosidad y la capacidad de observar de los niƱos.

Friedrich Froebel
Froebel creció en la zona rural de Turingia, cerca de Weimar, y los bosques y jardines fueron su principal refugio ante la soledad y abandono de su padre, un ministro protestante. Su devoción a la naturaleza lo llevó a ser un aprendiz de carpintero en el bosque de Turingia y en sus constantes caminatas estudiaba, analizaba y clasificaba la flora y los especĆmenes locales. Los Ć”rboles se convirtieron para Ć©l en sĆmbolos de la vida humana y del vĆnculo espiritual con lo divino.
CrecĆ odiando la naturaleza. Cuando era niƱa, mis viajes a la ciudad de la eterna primavera, Cuernavaca, acababan en ataques de alergia sumamente intensos. Recuerdo los estornudos sin parar, los mocos, las lĆ”grimas, la comezón en todo el cuerpo y una pastilla que me hacĆa quedarme dormida para āprevenirā los efectos alĆ©rgicos. MĆ”s bien, me evitaba interactuar con cualquier cosa que no fuera mi almohada. Y todo era por el jardĆn, el pasto, los enormes Ć”rboles, el polen, la tierra hĆŗmeda y el calor. Acaso por ello, le dirigĆ mi rencor a todo lo verde y mi Ćŗnico deseo por aƱos fue ser una rata de ciudad, para siempre. Mientras menos verde mejor. Si no hubiera sido por la nueva generación de antialĆ©rgicos, me habrĆa declarado para siempre una mujer del cemento con estrĆ©s postraumĆ”tico provocado por la naturaleza.
En las cartas en donde aclara su filosofĆa de la educación, Froebel proponĆa que los jardines de niƱos (llamaba jardines al conjunto de niƱos), debĆan tener su propio jardĆn. AdemĆ”s, no habrĆa maestros, sino jardineros y jardineras de niƱos. SerĆa un espacio para que los niƱos mĆ”s pequeƱos crecieran y se desarrollaran libremente, a travĆ©s del juego. Para Froebel, el kindergarten tenĆa tres principios esenciales: el juego creativo (que se desarrollaba a travĆ©s de los dones o regalos y las ocupaciones), las canciones y los bailes, y la observación y cuidado de las plantas en un jardĆn para estimular su conciencia de la naturaleza.
kindergartens a principios del siglo XX
Froebel trazó una analogĆa entre los jardines y los niƱos. Las plantas crecen y se cultivan en armonĆa con la naturaleza bajo el cuidado de Dios y de la supervisión habilidosa de un jardinero, y los niƱos son las semillas que la humanidad cultiva, son los organismos mĆ”s importantes a los que debemos de nutrir para que se puedan comprender a sĆ mismos, a Dios y a la naturaleza.
Durante su juventud, Froebel trabajó con uno de los cristalógrafos mĆ”s importantes del mundo en BerlĆn. Esta experiencia cambió fundamentalmente su forma de concebir el mundo. Mientras que otros veĆan en la naturaleza formas orgĆ”nicas enteras y fluidas, como montaƱas, plantas y ganado, a Froebel le interesaba sobre todo el mundo mĆnimo, microscópico, las lĆneas rectas y las formas geomĆ©tricas de los cristales. AsĆ es como comenzó a pensar que estas formas eran los componentes bĆ”sicos, los bloques con los cuales se construye la realidad.
Mi abuelo era arquitecto. En su casa rodeada del jardĆn alergeno, en Cuernavaca, tenĆa bloques de madera de todos los tamaƱos con los cuales construĆamos torres enormes. No me sorprenderĆa descubrir que posiblemente lo educó alguna discĆpula de Froebel, en los PaĆses Bajos, en donde creció. Muchos arquitectos famosos como Le Corbusier o Frank Lloyd Wright, ademĆ”s de artistas del movimiento surrealista y expresionista fueron a jardines de niƱos que seguĆan el modelo original de Froebel que consistĆa en introducir ciertos ādonesā o regalos para que los niƱos fueran reconociendo y usando diferentes formas y patrones. Se trataba de un jardĆn de niƱos que fomentaba la creación y el juego con mundos hechos de bloques, arcilla, y de figuras geomĆ©tricas. Pero la parte favorita de mi abuelo de construir torres era tirarlas. La avalancha desataba mis lĆ”grimas y buscaba refugio en las faldas de mi mamĆ”.
Froebel decĆa:
Es particularmente importante que los niños cultiven sus propios jardines, pues ahà verÔn que sus esfuerzos tienen un resultado orgÔnico. El niño verÔ que lo que cultiva estÔ sujeto a las leyes de la naturaleza que él no puede controlar, y que depende también de la forma en que trabaje con ella. Su vida con la Naturaleza y su curiosidad acerca de las flores y de las plantas, asà como de otros fenómenos naturales se va a satisfacer por completo y sus esfuerzos se verÔn recompensados, pues los jardines de los niños generalmente crecen y florecen.
Mi jardĆn de niƱos, a pesar de llevar el encabezado alemĆ”n Kindergarten, estaba decididamente alejado del modelo de Froebel. ParecerĆa que de aquel jardĆn queda solo el impulso civilizatorio del jardĆn de contener la barbarie del crecimiento desbocado de las selvas o los bosques (o de los seres humanos), que en su estado natural se reproducen sin lĆmites y sin gusto. Pero algo de ese jardĆn propio cultivĆ©, no en una parcela fĆsica, sino en la imaginación. QuizĆ”s fue gracias al pirul moribundo o quizĆ”s porque necesitaba buscar refugio en los libros luego de estar en contacto con las pocas plantas y flores de mi niƱez. O acaso fue la forma en la que, como Froebel, me he dedicado a encontrar formas para poder ver las rejas y los cercos de la realidad de maneras siempre inesperadas y extraƱas. A mĆ tambiĆ©n me obsesionan las formas de los cristales y de las rocas, las lĆneas de la erosión y las pintadas en el cemento. Siempre las formas. Algo alimentó mi curiosidad, aunque ciertamente no fueron los jardines ausentes de mi jardĆn de niƱos.
Christina Soto Van Der Plas (Ciudad de México, 1989), doctora en literatura latinoamericana por Cornell University. Ha publicado múltiples textos académicos y crónicas en revistas nacionales e internacionales. Su libro Curaçao: costa de cemento pueblo de prisión (FETA: 2019) fue ganador del Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.
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