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La Centro Occidental: ramificaciones de una biblioteca


 

Un grupo de amigos del barrio juegan Minecraft en el Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave, en San Javier, ubicado también en la Comuna 13, Medellín.

Las infancias no siempre habitan territorios fértiles. Sin embargo, su vulnerabilidad necesita de ambientes propicios. Las bibliotecas públicas pueden convertirse en almácigos, en espacios modestos para el cuidado y la atención para que germine lo insospechado. La Biblioteca Comfenalco Centro Occidental es uno de ellos. Está ubicada en el barrio de San Javier El Salado, en la famosa Comuna 13, y de su apertura ha acompañado muy de cerca la resiliencia social de sus habitantes.


Inaugurada en 1995, hoy forma parte del Sistema de Bibliotecas públicas de Medellín, que está conformado por La Biblioteca Pública Piloto y sus cuatro filiales, más una docena de bibliotecas de proximidad, diez biblioparques –un modelo de equipamiento que ha empezado a exportarse a otros países de Latinoamérica, como por ejemplo el Perú–, además de seis centros de documentación y memoria, la Casa de Literatura Infantil y la Casa de la Literatura.


Aunque la conformación de este ejemplar Sistema merecen un análisis aparte, en esta ocasión queremos compartirles el testimonio y memoria de uno de los primeros y más antiguos usuarios de esta biblioteca antioqueña, Brayan, a quien conocimos casualmente una tarde de viernes hace ya varios meses, mientras aguardábamos sentados en el pasto de la biblioteca el inicio de la presentación de un libro a la que acudieron vecinas y vecinos de distintas edades. A él le encantaba conversar, y a nosotros, escucharlo.



Un usuario más joven que la propia biblioteca


Nací en Medellín, tengo 21 años. He estudiado varias cositas de manera autodidacta: psicología, pintura, dibujo, moldelería, escultura. Son oficios, pero todo se enlaza porque el que dibuja, pinta, el que pinta tiende a esculpir, el que diseña, dibuja. Es el oficio de la creación. Hoy en día le llaman "la cultura de Makers", sólo que cuando hablan de Makers es como más ligado a la parte de tecnológica. Pertenezco a un FabLab que se llama BIOMatic, está ubicado donde estudio y trabajamos desde hace poquito con un proyectico sobre micropartículas, bacano.


Hice el bachillerato y estoy haciendo un técnico. Ya acabé, voy a entrar en la etapa práctica. A mí me gusta mucho esa forma de estudio porque es poner en práctica y tener que estudiar más, porque siempre la historia, la industria o el mundo requiere que reunamos conocimientos. La verdad me gusta producir de lo que estudio, porque si no, para qué.

Empecé a venir a la biblioteca a los cuatro o cinco años. Me acuerdo que por esos días en esta biblioteca tenían computadores y nosotros veníamos a jugar en ellos. Ya cuando empecé a crecer un poquito venía a chismosear entre los libros porque tenían dibujos muy interesantes. Había una sección que es sobre los Guinness Records y eran cosas muy bizarras; uno de niño sí consume más que todo imágenes, entonces me llamaba la atención que entre imagen e imagen se colaba algún texto, un pasaje misterioso.


Salíamos del colegio y veníamos acá; a veces venía solo porque está cerca de la escuela; uno llegaba y se quedaba un rato y ya después se volvió un hábito.


Usuarios de la Biblioteca Pública Centro Occidental, El Salado, Comuna 13.

La vez que más aprendí aquí fue una vez que iba a perder el año [risas]. Yo soy muy bueno entendiendo las cosas y entiendo muy rápido todo, pero no me gustan las tareas porque se pierde el sentido, la cadena de la educación. Estaba cursando cuarto año, era buen estudiante, pero no me gustaba hacer tareas, me aburría. Iba perdiendo el año y entonces tocó venir. Trataba de ocultar eso a mi mamá en la medida de lo posible.

Me dieron varios talleres para hacer las recuperaciones y todos los días venía aquí a las tres, cuatro de la tarde. Es que a esa hora estaba la señora del aseo de la biblioteca y ella me ayudaba: “Ah, vea, vea este libro que usted necesita”; o los encargados de la biblioteca: “Eso está en tal y tal parte”, entonces no se perdía uno entre ese mar de libros buscando una tarea.

No era un programa, entrabas normal a ocupar un puesto y ya ahí uno les decía ah venga, es que necesito tal y tal libro, y ya te llevaban a buscar. Ese año “lo gané” [pasé], los mismos compañeros de clase me preguntaban: "¿Usted ganó el año?", y me sentía mal, porque no estaba acostumbrado a que a mí me pasara eso, pero muchas veces son factores externos.


Y ya con eso como que le presté verdadero interés al conocimiento; desde ahí me interesé por muchas cosas: cartografía, ciencias naturales, artes. Desde los 12 o 13 años empecé a desarrollar el hábito de la lectura. Me encontré con un libro de Julio Verne y con Las mil y una noches y me gustaron; a partir de ese momento ya fue muy constante.

Constantemente me estaba yendo de un lugar a otro, pero la biblioteca que más he usado en mi vida ha sido esta. He aprendido en bibliotecas, en colegios, y en su mayoría lo he hecho por mi cuenta. El interés, el deseo de querer aprender algo nace desde la casa, en un espacio solo, ¿cierto?


Es esa necesidad de alimentar ese pedazo de uno en este lugar, porque hay muchos más intereses: yo podría ir a una discoteca a farrear, a tomarme unos vinitos, algo, pero uno a veces quiere ir a mirar libritos, ¿no es cierto? Y es el ambiente, por ejemplo acá, en espacios como este, es un punto de encuentro con otras personas como yo.

Mira, te pongo en contexto, esto es un barrio, ¿cierto? entonces la cultura es un poquito distinta: aquí quien está ligando a la parte de la literatura, al dibujo, es como una subcultura. Hay estilos de vida distintos, entonces es más complejo socializar o encontrar gente que tenga gustos similares contigo.



Sala infantil, Parque Biblioteca Presbítero José Luis Arroyave, San Javier, Comuna 13, Medellín.

En espacios como esta biblioteca todo se conecta, entonces el que le gusta pintar también dibuja, y el que le gusta dibujar también escribe, entonces yo dibujo, otro más escribe, otro hace caricatura, entonces las técnicas que él emplea para hacer caricaturas a mí me sirven para mis dibujos. Yo nunca había pintado y terminé pintando, me gustó.


Por ejemplo, la necesidad de escribir nació desde la casa, cuando tenía por ahí 16 años. Tenía esa revoltura emocional y esa necesidad de canalizar energía. Por esos días practicaba muchos basketball, fútbol, voleibol, artes marciales mixtas, por temporadas, no a la vez, rugby –un poquito, nomás–, sambo, y el que más me gustaba era el atletismo. Sentía que la expresión física no era suficiente y además no me sentía interesado en dedicarme de lleno a la vida deportiva, no me bastaba, como que había otro lado que podía explotar más y por esos días dibujaba, tiraba voceticos ahí sobre las mesas de los pupitres, en el colegio, ahí rayaba.


Cuando empecé escribir lo hice por la necesidad de liberar ideas, porque tenía un nudo de emociones y quería entenderlas. Hice una carpeta que se llama P.I.P., Proyecto de Investigación Personal. Acumulaba dibujos, textos, y cosas que me sucedían, para tratar de entenderme cada vez mejor.


Entonces alineaba lo que dibujaba con lo que sentía, y lo que dibujaba y lo que sentía trataba de transcribirlo para entenderlo, es por esa razón que me interesé por la parte de la psicología de Carlos Jung, no sé si la distingues, sobre la psicología de los sueños, porque yo he tenido sueños toda la vida, desde los cuatro años. O mucho antes, yo tengo muy buena memoria, desde muy niño he sido muy consciente de los sueños.


Uno de los talleres que hice en la biblioteca fue con Róbinson Úsuga, un escritor local que también ha crecido acá, pero a él le tocó la juventud la época de la Operación Orión. En el de Róbinson yo tenía 17 años más o menos y ya había participado en otros talleres, sólo que cada taller tiene un alma; por ejemplo el alma del taller en el que estuve antes de entrar a este, la mayoría era gente muy adulta, ya habían escrito libros, demasiado nivel. En cambio, cuando supe de este taller, la mayoría eran pelados de mi edad.


La carpeta la escribí antes de los talleres. Comencé a escribir y a medida que pasaban los años, uno se siente como avergonzado de tantos errores, sí decía pendejadas, o de esa falta de fluidez en el texto, pero al mismo tiempo eso refleja cambios emocionales, ¿cierto? como evidencia, es una forma como de estudiarte a ti mismo.


Todavía manejo el proyecto, desde los 16 años lo he hecho y he evolucionado, me he autoanalizado mucho mucho mucho. Ahorita te muestro los dibujos, ahí los tengo.


La carpeta empezó a crecer tanto que tocó dividirla por áreas: la parte de la escritura, la parte del dibujo, la parte con enfoque profesional, porque una cosa es tu trabajo y otra cosa tu trabajo personal, ¿cierto?


Es que vos ves el mundo en la medida en que vos mismo te expandes por dentro, que investigas en ti, que profundizas en tu esencia, tu familia, tus raíces, y esto te ayuda a expandir la perspectiva que tienes.

Una cosa es que vos lo interpretes dentro de tu cultura, del simbolismo de tu realidad, de tu círculo social, de tu posición económica, ¿cierto?, otra es que vos aprendas en un libro de una persona de otra época y vos te pongas a pensar: yo bajo la circunstancia de esa persona, si fuera él, ¿haría lo mismo o haría algo distinto?.


Entonces esto te ayuda a expandirte. Es eso. Vos trabajas en vos, pero digamos que ese propósito egoísta es lo que en realidad te conecta con otros. Lo dice la biología, que el principio de la vida es sostenerse y velar por sí misma. Dentro de nuestra cultura supuestamente es muy egoísta pensar solamente en uno, pero esto es como el principio de la vida, de la naturaleza y del orden de las cosas: si usted piensa en usted, entonces también vas a ver cómo pensar en nosotros.



Brayan sostiene una edición que celebra los primeros 25 años de su biblioteca.

¿Para qué me ha servido venir a la biblioteca? Para todo, para construirme, para edificarme a mí mismo. Entrar a la biblioteca me permitió abrirme a un mundo que era más grande: el conocimiento, no por acumular información, sino por utilizarla para conocerme a mí mismo y a su vez brindársela a otros. Vamos a estudiar, mantenemos esa rutina, pero a veces se nos olvida que hay oportunidades más grandes de enriquecernos con otras cosas.


Por ejemplo, le pasa mucho a los profesionales, a los que estudian pregrado: salen directamente de la escuela y se van a estudiar; piensn como escalando la vida. Digamos que por la influencia de la generación anterior, que era más industrial, creemos que todo es lineal, paramétrico, como pegado a etapas. Se acostumbraron a vivir de esa manera, a pensar que la vida es como la escuela. Pero no es así, la vida es más como las raíces de las de los árboles, se ramifica, se interrelaciona. Se enriquece de otras esquinas, de otros bordes, y toma curvas, no es lineal.


El mundo es de las personas y las personas son inconscientes, y lo inconsciente es intuitivo, se mueve: vas a estudiar pintura y estudias medicina y te termina gustando la peluquería. Parece un chiste pero no lo es: también soy barbero y sé panadería, porque ese es el oficio de la familia por parte de mi papá, todos son panaderos.


Entonces tienes tienes necesidad de comer, tienes necesidad de recrearte, de hacer deporte, tienes necesidad de conocerte. Hay veces que tenemos necesidades como de sentirnos aceptados, de sentir que somos parte de algo, que lo que hacemos tiene un significado, una trascendencia, que es lo que hacemos no es lo mismo que hicieron hace 100 años, de “yo lo voy a hacer mejor”... o de darnos cuenta que vivimos peor. Entonces si yo aprendo algo es porque hace parte de mi necesidad.


Yo estudio y no; soy más bien autodidacta, trato de consumir la información que me sirva para entenderme a mí mismo. Con el ser humano todo parte de una necesidad. Aunque hoy en día, en medio de la enfermedad como el Covid 19, todo parte de la locura.§



“Uno aprende de todo en todas partes".

 

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