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Dos paisajes, dos postales con biblioteca


Los caminos de bibliotecas llevan a todas partes. Aquí presentamos dos postales-testimonios sobre bibliotecas en geografías distantes. La primera postal son fragmentos del testimonio de Rubí, una de las primeras bibliotecarias para la paz del proyecto Bibliotecas Públicas Móviles (BPM), en San José del Guaviare, Colombia. Y la segunda es un testimonio de Karol, una entusiasta usuaria de una Little Free Library ubicada en Kenosha, Wisconsin, estado sede de la organización.



Llegada de la Biblioteca Pública Móvil a Charras.

Bibliotecas para la paz (Colombia)


Rubí nos cuenta sobre el proyecto de bibliotecas para la paz Bibliotecas Públicas Móviles (BPM), de la Biblioteca Nacional de Colombia, en colaboración con la ONG francesa Bibliotecas Sin Fronteras. El proyecto inicial consistía en 20 BPM asignadas a 20 zonas de conflicto. Cada una de las BPM estaba conformada por cuatro módulos cerrados, que al desplegarse se transformaba en mobiliario, delimitando un área de trabajo de aproximadamente 100 metros cuadrados.


Las bibliotecas debían desplegarse/plegarse en menos de 20 minutos y contaban con una capacidad para atender a 50 personas. Cerradas, contenían un acervo de 380 libros y tabletas de lectura con 200 ebooks, seis computadoras, tres cámaras de video, un proyector de cine, películas y juegos, además de un pequeño generador de electricidad y un servidor inalámbrico.


Rubí tenía experiencia previa como promotora de lectura, y nos explicó que desde hacía tiempo ejercía su labor desde un enfoque psicosocial. Después de una serie de pruebas ingresó al programa en febrero de 2017, y en la primavera fue enviada a una vereda llamada Charras, un caserío ubicado en una zona de difícil acceso; sus pobladores habían sido desplazados por el conflicto armado. La entrevista se hizo durante el otoño de ese año.


La periodista Estefanía Avella Bermúdez abre una crónica sobre la localidad –precisamente en la época que inició el programa de BPM– de la siguiente forma: “Charras ha estado tan olvidada que hasta las FARC llegaron tarde". Las BPM llegaron al inicio del proceso de dejación de armas. Cuatro años después de iniciado el programa, la BPM es el único equipamiento que aparece en el mapa de Google.



Iniciamos en las zonas veredales o puntos transitorios de normalización, donde estaban las personas que estaban en ese proceso de volver a la vida civil después de las FARC. La zona veredal donde yo estoy es un espacio que está súper cerca, a unos 10 minutos caminando de un campamento, entonces eso inicialmente generó dificultades con la comunidad, desconfianza, muchas cosas. Fue todo un proceso para ellos saber que estaban cerca de las personas que estaban en las FARC y en ese proceso saber que ahí había armas, que ellos todavía tenían armas.


Tengo experiencias muy bonitas en cuanto al hecho de estar varios en un mismo espacio. Es más, ahí en los campamentos de las FARC había algunos que tenían permiso para poder salir de las zonas, porque de pronto desarrollaban alguna labor de verificación o educativa, entonces ellos salían y estaban con más contacto con la comunidad, y un espacio en el que de pronto ambos se encontraban era la biblioteca móvil. Ellos estaban en la biblioteca, pero también en esta zona estaba la policía. Entonces el hecho de verlos, la reacción de cada uno, de ver que el otro está ahí... era fuerte. Yo hablaba con ellos y les preguntaba: “¿y usted qué siente cuando ve al policía?... porque yo lo he visto que cambió su reacción”, entonces ellos decían “No, es que yo me siento vulnerable, yo ya no tengo un arma”.



Rubí en la Biblioteca Pública Móvil de Charras § EDWIN ARCINIEGAS

Los desmovilizados también llevan obras literarias, son lo que más les interesa. Sobre todo llevan ensayo, literatura. No literatura colombiana, sino literatura universal.


Los exguerrilleros ya no tienen armas, ya dejaron esa vida. Pero realmente los que más visitan la biblioteca son los niños de la comunidad en general; sin embargo cuando llegan visitas de ellos, o de sus familiares, que llegan ahí a la biblioteca, si van los niños, ellos van también. Pero realmente la visitan mucho los niños y adultos del caserío, pues son los que consultan o llevan préstamo externo.


Los desmovilizados también llevan obras literarias, son lo que más les interesa. Sobre todo llevan ensayo, literatura. No literatura colombiana, sino literatura universal. Pero prestarles los libros a ellos sí se demora, uy… Una vez se demoró uno como un mes, cuando en el reglamento pues decimos hasta ocho días, porque como se lo llevan para las veredas, para la finca, las personas… Como la biblioteca está iniciando, pues realmente todavía tiene un límite de libros, no se nos permite prestar por mucho tiempo.


Además cuando ellos empezaron su proceso de dejación de armas, con el apoyo de la universidad empezaron su propia biblioteca, con muchas obras literarias y muchos libros de inglés, de validaciones –porque ellos se están preparando para las pruebas de Estado, para validar sus estudios–. No recuerdo qué otros más. Lo que sí vi fue que excluían los libros relacionados con la parte religiosa. Incluso vi unos de ese tipo en una caja aparte como diciendo “estos no entran a la biblioteca”. Y después volví y ya no estaban, ellos excluían esos libros de su biblioteca. Esos libros para ellos no eran importantes.


Los desmovilizados inventaron un sistema de catalogación “muy de ellos”, cuenta Rubí con una sonrisa pícara: los ordenaron alfabéticamente y con números consecutivos. Pero cuando se encontraron con dificultades para integrar nuevos libros, fueron a consultar a la bibliotecaria, que subió a su campamento a ayudarles a reorganizarla.


Rubí explicó que la biblioteca pública móvil ofrece los servicios que indican los programas institucionales de cualquier biblioteca pública colombiana: desde consulta en sala, de referencia, los servicios innovadores también, es decir el foro, grandes preguntas, fotografía y memoria, y otros servicios que se ofrecen. Finalmente, poco antes de terminar su charla, nos cuenta de un nuevo proyecto:


Ahora estamos trabajando el proyecto de la biblioteca sembrando paz. La idea es trabajar el tema de la reconciliación y la reforestación de esos territorios. Es que a raíz de que en el pasado fueron muy utilizados por el narcotráfico en la parte de los cultivos de coca, ahora con el desarme se ha generado ese interés por reforestar. Aquí seguido los talleres van dirigidos a trabajar temas de perdón, de conciliación, realmente como proyecto de vida. Y pues esto de la BPM está acompañado por el hecho de generar espacios comunes públicos y del cuidado de todos, como sembrar el arbolito.




En la banqueta, delante de la farmacia, la Little Free Library en Kenosha.

La Little Free Library de Kenosha, Wisconsin (Estados Unidos)


Karol ronda los 75 años. De andar pausado, pero firme. Cuando me acerco y me presento su rostro es serio, precavido. Es un invierno frío este de Wisconsin y hoy ha nevado. Cuando le pido que me cuente sobre su experiencia utilizando la Little Free Library ubicada en una de las principales calles de la pequeña ciudad, la desconfianza da paso a una complicidad de transeunte mayor que le comparte a otra algunas de sus andanzas.


Mi nombre es Karol, nací en Saint Louis, Missouri. Toda mi vida viví en Oak Park, Illinois, y hace ocho años me mudé a una casa de cuidado aquí en Kenosha. Mi apellido es finlandés, pero muchos creen que es latino.


Yo fui enfermera toda mi vida, pero hace unos años tuve un ataque epiléptico mientras estaba trabajando. Sólo sentí como un desmayo. Quedé muy lastimada, con varias fracturas en la espalda y tardé un tiempo recuperándome. Tuve que dejar mi trabajo y una de mis hijas, que vive aquí, me pidió que me mudara para estar más cerca de ella y de mis nietos. Aquí hay muchas Casas de Cuidado para enfermos, para personas mayores.


En mi Casa de Cuidados teníamos un círculo de lectores y leíamos juntos cuando nos visitaba una bibliotecaria. Desde que inició la pandemia ya no podemos leer juntos. Ahora la bibliotecaria nos llama por teléfono y nos busca libros a todos y nos los envía. Ella se encarga de buscarnos todo tipo de libros, pero ya no viene.


La pandemia ha sido muy triste, muy triste, porque ya no podemos hacer eso de leer todos juntos.


Tampoco viene el bibliobús que antes venía a la Casa. Cada quien subíamos y escogíamos nuestros libros. Ahora que no puedo salir a caminar por el problema de mi espalda y también por la pandemia, camino hasta esta farmacia y aquí agarro libros. Más que nada es mi única manera de obtener libros: vengo caminando a la farmacia y aquí está la pequeña biblioteca.



La noche cae en esta Little Free Library de Kenosha.

Esta Little Free Library me parece absolutamente disfrutable porque soy discapacitada, yo ya no conduzco, y siempre vengo caminando a la farmacia. Esta es una farmacia histórica de Kenosha, es muy famosa y las personas la usan mucho. Aquí puedo tomar todo tipo de libros y dejar otros.


En mi antigua casa tenía demasiados libros y dejé algunos, porque en mi nuevo apartamento en la Casa no cabían tantos. Todavía tengo muchos libros en mis libreros y en cajas de plástico, así que de vez en cuando traigo libros a esta biblioteca, que no sé quién puso. Traigo, pero también me llevo libros nuevos, algún otro que me llame la atención. En esta ocasión me estoy llevando el Libro de Joel, de la Biblia. Cuando termine de leerlo lo regreso.


Los libros son mi manera de entretenerme y mi manera de no sentirme sola. A veces me pongo a leer frente al espejo para sentir que tengo compañía.


Tengo cinco hijos y siete nietos. Claro que estoy orgullosa de ellos, pero ¿sabes? la cosa más bonita que me han dicho es que mis hijos son muy interesantes, y yo estoy súper segura de que es por mi pasión de haberles leído desde pequeños. Ahora ellos son grandes lectores y ahora yo les leo a mis nietos.


Conozco bien el Sistema de Bibliotecas de la ciudad. Es bueno, con muchos programas, una maravilla. Aquí cerca, a unas cuadras del parque hay otra biblioteca; antes la usaba, pero ya siempre vengo a esta. Estas pequeñas bibliotecas me hacen muy feliz. Es muy importante hablar sobre el uso de las bibliotecas, el beneficio de poder leer, de fomentar este amor por la lectura.


Yo soy una persona mayor, estoy enferma, no tengo cable, no tengo televisión, no entiendo de internet y los libros son mi radio. Los libros son mi manera de entretenerme y mi manera de no sentirse sola. A veces me pongo a leer frente al espejo para sentir que tengo compañía.







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