• Elsa Berman Lishmoa

Bal-buceos con Madai Selbor



Conocí a Madai en la Biblioteca Vasconcelos, recién desembarcada en México, en marzo de 2013. Me había hablado de ese recinto polémico. Al pasear por ahí, me la encontré en una de las terrazas que comunican al edificio con los jardines. Ella bailaba —con una grabadora de acompañamiento— una suite para cello solo de Bach. Me encantó mirarla.


Cuando me avecindé en la cercanías de la Megabiblioteca, como pomposamente la llamaban, la volví a encontrar varias veces en una de las terrazas. No era la única que bailaba. Pero sí era especial su manera de hacerlo.


Luego la vi danzar bajo la ballena de Gabriel Orozco, y asistí como oyente —valga la paradoja— a su curso danza para sordos. No porque yo fuera sorda, sino porque pienso que escuchar es la clave no sólo para bailar, sino para vivir danzando.


No conocí el concepto de danza en el agua hasta que Madai me lo compartió hace unas semanas. Se trata de algo muy distinto a ese prodigioso ejercicio que es la gimnasia acuática. Lo que ella hace es otra cosa: una exploración casi silenciosa.


Aquí un video con sus palabras y su danza de agua.






Fotografías por Diego Leyva





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