• Caroline Perrée

Una creación barroca desde la basura

Thierry Jeannot, un diseño hecho a mano a partir del plástico reciclado con pepenadores de la Ciudad de México


En la Ciudad de México, el trabajo que realiza el diseñador Thierry Jeannot con un grupo de pepenadores entabla un proceso de transformación recíproca entre los seres y el material que reciclan: el plástico. Reciclar la materialidad resultante de los productos de consumo no es novedad en diversos países donde esta actividad no proviene de la conciencia ecológica sino de una necesidad económica. En México, el que recoge desechos reciclables, el pepenador, es una figura urbana conocida que existe en todo el continente latinoamericano, ante todo en países emergentes. Desempeñando un trabajo precario dentro de una economía informal, el pepenador es el primer eslabón de la cadena de reciclaje al recoger los desechos contaminantes: el plástico, el vidrio, el cartón o el metal. Estos seres ecológicos por necesidad viven en las zonas pobres de la ciudad, relegados por la sociedad al mismo nivel de los desechos que ordenan, a pesar de que su trabajo adecenta la ciudad.

El encuentro de los pepenadores con Thierry Jeannot va a transformar a estos seres que manipulan el plástico en un largo proceso de reinserción bajo el signo del reconocimiento social, gracias a la creación. El trabajo creativo de Thierry Jeannot con los pepenadores del plástico lleva a una constante interacción entre múltiples dinámicas: el consumo y la creación, la ética y la estética, el trabajo y la dignidad, el arte y la sociedad. La originalidad de esta experiencia colectiva se inscribe dentro de la historia del arte que reúne a lo largo del siglo veinte la práctica artística y la producción industrial, y que se apoya en una estética barroca. De hecho, la noción de metamorfosis que subyace a este movimiento, ilumina el contexto urbano en el que nacen estas creaciones a través de procesos recíprocos de transformación entre el hombre y la materia.




De la recolección solitaria al trabajo solidario: un artista en búsqueda de una práctica humana


Cuando en 2006 Thierry Jeannot decide usar plástico como materia prima de sus obras, se enfrenta a dificultades que afectan la transformación del material así como la capacitación del personal y el abastecimiento. El reciclaje del plástico es una gran industria en México como en otros países, a través de la cual gente adinerada se vuelve rica explotando sin vergüenza a personas sin recursos. Al adentrarse en los enormes depósitos de separación y reciclaje de plástico, el diseñador se entera del precio ridículamente bajo: cinco pesos por un kilo de botellas. Deduce que los pepenadores reciben 2 pesos por kilo recolectado. En un rincón se encuentran algunas mujeres, cuyos hijos están dormidos en hamacas. Las mujeres manipulan el plástico directamente en el suelo sin usar guantes. El proveedor no lo deja visitar el resto del depósito. El diseñador acaba de descubrir el lucrativo tráfico de basura y se rehúsa a apoyar estas prácticas inhumanas.

Incursiona entonces en la manipulación del plástico así como en la contratación de empleados. Este creador de piezas únicas de diseño termina por utilizar métodos a escala humana a través de múltiples experimentaciones con el material y de una estrategia de contratación en su entorno. Thierry Jeannot recurre al tejido social del centro histórico de la Ciudad de México, hablando con las mujeres encargadas del comercio más cercano. Les propone comprar el plástico que recolectan y contratarlas para que lo recorten, proporcionándoles los materiales necesarios. A través de esta red, en 2014 conoce a pepenadores del barrio de la Merced y desde entonces trabaja con ellos.

El trayecto del diseñador en el mundo del plástico es tan solitario como los individuos que lo recolectan y que trabajan con él. Cada uno de ellos ha experimentado la calle, su violencia e individualismo. Algunos fueron adictos, otros trabajaron en la prostitución, otros tuvieron enfermedades. Todos llegan al taller del diseñador con su pasado que pesa mucho más que el plástico que recolectan. Son múltiples las soledades que se encuentran y van a tener que coexistir para crear en conjunto. Lo cual no es tan obvio al estar acostumbrados a sobrevivir gracias al recelo y estar en un estado constante de alerta. El diseñador comienza fabricando joyas de fantasía. Pero todos terminan ensimismados, ocupados con su trabajo sin hacerle caso a los demás. El universo de la calle invade el taller: ocurren escenas de violencia, las adicciones crean agobio y causan peleas, problemas de salud interfieren con el trabajo, el ambiente es tenso.

Entonces Thierry Jeannot propone al grupo crear una de sus piezas, un candelabro con un aire barroco en el estilo de Baccarat. El trabajo en equipo va a lograr que el grupo se unifique, ya que la repartición de trabajo es colectiva para fabricar un objeto común: cada uno sabe realizar la tarea de su vecino de mesa y participa en cada etapa de la producción, salvo el montaje del cual se encarga Miguel. Si el trabajo está mal hecho, aunque sea un detalle imperceptible, el diseñador los hace volver a empezar desde el principio. Las largas horas de trabajo se reducen a nada y hay que volver a empezar, dice Miguel, lamentándose, perturbado por esta búsqueda de la perfección.



Una creación terapéutica para un trabajo con un valor social


Aprendieron la lección y el gusto por el trabajo bien hecho. Poco a poco se convierte en una satisfacción personal. Miguel habla mucho de hacer las cosas correctamente, meticulosamente. Todos se preocupan por realizar un trabajo perfecto. Esta aplicación da una dimensión terapéutica a la lucha cotidiana contra la adicción: recortar plástico favorece la concentración manual y espiritual que les permite olvidarse de sus dependencias.

José Luis dice que esto le da la libertad de pensar y Lilia menciona un nivel de concentración que genera ideas positivas. Moldear la transparencia del plástico también permite atreverse a mirarse a sí mismo con la dificultad que implica toda una vida de huir de la realidad social a través de múltiples estrategias de escape que marginalizan. Y durante estas largas sesiones de seis horas de taller que se llevan a cabo dos veces por semana, la palabra fluye: los pepenadores evocan una vida cotidiana marcada por la dificultad de liberarse de sus adicciones y de la violencia, así como de la dificultad de encontrar trabajo con sus antecedentes. Los pepenadores llevan años interiorizando el ser vistos de manera negativa, pero su trabajo de transformación del plástico les ha permitido estar conscientes de su propia metamorfosis a la par del proceso de creación.

El taller es como una isla protegida y protectora en las calles entrelazadas del centro de la ciudad. Pero cuenta con las mismas incertidumbres de los que lo conforman. Reina recalca la dificultad en conseguir trabajo por ser de edad avanzada, pero el taller de Thierry Jeannot no discrimina. Los únicos criterios para quedarse en el taller son la constancia, el rigor, el compromiso y la voluntad. Para algunos es pasajero, ya que encuentran una forma de sobrevivir por un tiempo y luego regresan a la calle o sobreviven de trapicheros; otros renuncian o fallecen. El equilibrio es precario y el diseñador mantiene el taller con base en una creación suspendida entre la humanidad frágil y un contexto urbano implacable. Dentro de sus deambulaciones y errancias, el taller representa para los pepenadores un lugar estable, la posibilidad de arraigo a través del trabajo colectivo que es el resultado visible de una convivencia lograda ya que la creación se encuentra sin lugar a dudas enfrente de ellos.

Frente a cada uno de los pepenadores sentados alrededor de una mesa grande hay pilas de formas recortadas acomodadas según su tamaño. Estas constituyen todas las etapas de la cadena operativa, desde el recorte del material hasta su ensamblaje en forma de candelabro. Los relieves de botellas de plástico son utilizados para crear formas florales, estelares y circulares. Como en el trabajo de William Morris, la materia y la función del objeto dirigen la forma de las piezas únicas hechas a mano. Los pepenadores experimentan con un material que hay que amaestrar para poder trabajarlo sin forzarlo. No es el plástico que se dobla ante ellos sino ellos lo que se adaptan a la materia para transformarla mejor y transformarse. La referencia al defensor inglés de un arte decorativo útil no es anodina, ya que influencia a Thierry Jeannot en cuanto a la importancia de crear piezas únicas de manera artesanal acentuando el trabajo manual colectivo. El respeto al otro y a sus condiciones de trabajo recuerdan el deseo del arte social que John Ruskin defiende y que inspiró a Morris. Entonces medimos cómo el valor de un objeto puede ser eminentemente social y no sólo económico. El colectivo formado por los pepenadores realza la forma en la cual el valor es una fuerza que tiene como origen el grupo social, mediante la puesta en común de pasiones y pensamientos.

La humanidad con la cual los pepenadores son tratados y la solidaridad bondadosa que los rodea terminan por transformarlos como individuos, volviéndolos más cívicos. Abandonan sus lógicas de supervivencia de la calle para reencontrar formas de sociabilidad. Aunque no se frecuentan fuera del taller, todos se consideran familia. Miguel explica que el proyecto le enseñó a trabajar en equipo, a comprender a los demás y a aprender a vivir juntos a pesar de sus diferencias y problemas. La noción de compartir es esencial en su vida cotidiana y no sólo es relativa a la creación sino también a momentos de convivencia durante las comidas. Comer juntos dos veces por semana es una idea del diseñador con el fin de garantizarles dos comidas equilibradas. Tras un desacuerdo en torno a la compra del café para tomar una pausa durante el taller, el diseñador les hace notar que tiene que haber solidaridad colectiva, ya que se rehúsa a satisfacer todas sus necesidades para no volverlos dependientes. Injuriados, los pepenadores se ponen de acuerdo y deciden reunirse para juntos hacer sándwiches que distribuyen de manera gratuita a personas indigentes en la Plaza de la Soledad, en el barrio donde ellos, hasta hace poco, se encontraban abandonados a su propia suerte.

La metamorfosis del plástico entabla una cadena operativa a partir del pulido del material para lustrar a las personas que lo trabajan, ponerlos en la luz y hacerlos brillar como creadores pero también como individuos. La mesa de trabajo reúne piezas e individuos que se imponen por su singularidad, la de las piezas recortadas a mano, la de personalidades fuertes, pero que cobran sentido al entrelazar sus diferencias para crear una obra única y múltiple, solitaria y solidaria, particular y comunitaria. En este taller el oxímoron y la contradicción nos recuerda nuestra condición eminentemente barroca.


Imágenes: Arin Pereira


Texto extraído del libro: Caroline Perrée, Trash and Crafts. A design project by Thierry Jeannot, Mexico, CEMCA, Fondation Heinrich Böll, del Lirio, 2020.


 

Te puede interesar:



299 visualizaciones

2021 Jardín Lac