• Erwan Fichou

MIRADORES

























Las fotografías de la serie Miradores fueron tomadas entre dos besos, el de la mujer barbuda y el de Judas. Tras una estancia de tres años en Alemania, el escritor Juan Villoro se preguntaba:

“¿Qué sentido tiene querer volver a la ciudad más contaminada del planeta?” Planteaba: “Lunáticos y edípicos, nos parecemos al Don Juan de Rake’s Progress, la ópera de Stravinski con libreto de Auden: acabamos enamorados de la mujer barbuda. No es posible negar las miserias de la ciudad – el aire envenenado, los barrios perdidos detrás del polvo… ¿Por qué no, entonces, buscar una mujer sin barba? […] Vista desde fuera, la Ciudad de México bate todos los récords del espanto. Desde dentro, el paisaje se percibe de otro modo: ningún apocalipsis es para nosotros, aunque vivimos rodeados de sus signos. Se trata por supuesto de una invención colectiva, pero no por ello es menos real. […] La ciudad de México cautiva […]: es imposible salir de ella, nos entregamos a un placer fatal: el beso de la mujer barbuda.”

En sentido inverso, salí de México tras una estancia de seis años, una especie de viaje iniciático que no quería ver llegar a su fin, conmocionado por la ciudad y seguro de que nuestra historia hubiera merecido un epílogo. Entre todos los recuerdos que llevaría conmigo, una visión anodina a la vuelta de una esquina en una calle llena de baches de la colonia Roma tomaría poco a poco una amplitud exagerada. Habría de aferrarme a esta visión de un hombre trepado en un árbol pulcramente podado, instalado a lo ancho de su cima como ante los controles de un misterioso aparato volador, como a una profecía… ¡pretexto superior al de volver a encontrar a la mujer barbuda! En El beso de Judas, el fotógrafo Juan Fontcuberta nos advierte:

“Más allá de las metáforas, sólo resta cerciorarnos de que la sensibilidad contemporánea nos predispone paradójicamente a la profecía y no a la historia. Vivimos en un mundo de imágenes que preceden a la realidad (…) En realidad no buscamos la visión sino el dejà vu”.

Esta imagen, que inicialmente apareció y desapareció bajo un sol

abrasador, habría de acecharla metódicamente varios años más tarde, recorriendo las calles en auto, en bicicleta o en Google Street, buscando el árbol ideal, deteniendo a los transeúntes, actuando la escena y fabricando la intriga. Lo que me interesa en la imagen no es su función de representar la realidad, sino su potencial dinámico, su capacidad de suscitar, de construir proyecciones, interacciones, marcos narrativos.






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