• Griselda Rosas

Lactancia: tejido vivo

Carta a Fernando, mi hijo de siete años:


Cuando estaba embarazada platicaba y salía a caminar contigo todos los días. Me ponía las manos en el vientre para que nos sintiéramos y pateabas al escuchar mi voz. Imaginaba que te daría a luz en el agua y fui a una clase en una piscina para preparar tu nacimiento. Un día me hicieron un ultrasonido y el médico me dijo que “no venías bien”; me sugirió programar una cesárea para sacarte de mí antes de tiempo. Me resistí a la sugerencia. Investigué y llegué a la medicina china y a la moxibustión (un ritual en el cual se quema hierba cerca de la piel), que supuestamente favorece el parto natural y ayuda a que un bebé de nalgas se dé la vuelta. Hice yoga e intenté la acupuntura, pero nunca te volteaste: ¡te gustaba estar de nalgas!

No quería que me cortaran el vientre, pero no encontré a nadie que me ayudara a parir sin cesárea, así que naciste en el hospital, bajo la luz incandescente de las salas de parto. Al final, lo más importante es que naciste sano y con amor. Cuando los bebés nacen por cesárea la madre está doliente, por lo que fue difícil amamantarte; sin embargo, lo logré y te di pecho un par de años. Después del parto me interesé por el tema de la cesárea porque sentía que te había hecho daño. Investigué sobre su historia y sobre los mitos que explican la palabra “cesárea”, los cuales aseguran que el emperador romano Julio César nació de esta manera.

Esto me hizo sentir muy bien, aunque no sea verdad que Julio César nació en la época en la que en Roma se practicaba la cesárea como método para salvar a la madre de un parto difícil. El término podría derivarse del latín caedere, que significa cortar. Aunque investigué mucho, no existe mucha información anterior al siglo XV, mucho menos en las culturas no occidentales. Existe, por ejemplo, un antecedente de cesárea practicada en Uganda durante el siglo XIX; pero en las culturas precolombinas no se habla al respecto. Si estaba de nalgas, la partera o la comadrona enderezaba con sus propias manos a la criatura.

Mi indagación me llevó a decenas de imágenes magníficas que retratan madres amamantando a sus infantes. Las historias míticas de dioses alimentándose de leche materna me dieron la paz que buscaba. Cuando yo nací, en el siglo pasado, se creía que la leche materna no tenía los mismos nutrientes que la leche en polvo; pero tú naciste en este siglo y ahora estamos regresando a dar pecho como se hacía antiguamente.

Las madres dan leche materna a sus bebés, la cual se forma desde la gestación y es un tejido vivo que proviene de la sangre. El bebé succiona el pecho de la madre y se produce más leche: así es como tú te alimentaste de mí. Cuando llorabas te daba pecho para tranquilizarte y nos comunicábamos entre llanto y alimento. Los seres humanos existimos gracias a los nutrientes de la leche materna, un alimento humilde -sin costo- que todas las mujeres son capaces de producir. Cuando eras pequeño yo era muy vulnerable, tú bienestar era mi única preocupación; pero ahora, a tus siete años, soy más fuerte. Y tú también.


Esta selección sobre historias de lactancia da cuenta de complejas nociones de identidad y diversidad cultural de la maternidad.


1. Sonajero o Cascabel, arcilla, 100 B.C.–200 A.D. Jalisco.


En varias sociedades precolombinas la comadrona o partera se aseguraba de que la lactancia fuera certera y duradera, hasta que el infante tuviera más de dos años o hasta el destete. Los aztecas, por ejemplo, no tenían animales para sustituir la leche materna.

En otras partes de México, como en la región de Jalisco, se encontró este sonajero o cascabel prehispánico que retrata a una madre y a su infante unidos a través del pecho. El cascabel funciona como objeto para activar la atención del bebé, pero también es la manifestación material de la relación entre ambos - madre e infante - su lúdica y mutua correspondencia es evidente mediante la construcción de un juguete.


Nota para mi hijo: Tu primer juguete fue un cascabel. Imaginar que el cascabel fue inventado en la antigüedad me parece mágico.


2. Mamá Cacao, Botella Mochica peruana


En Perú se encontró esta Botella Mochica, que representa a una mujer envuelta en el fruto del cacao dando de lactar a un infante. Las madres jóvenes bebían agua en hojas de cacao, ya que para los andinos esta práctica estaba asociada con el incremento de leche materna. El cacao provee los nutrientes de la tierra y los andinos lo domesticaron.



3. Mujeres Bonitas, Figurilla de Tlatilco, México 1200-900 A. C.




En el Valle de México se encontró esta figurilla que pertenece a un grupo de cerámicas conocida como las Mujeres Bonitas de Tlatilco. Estas esculturas representan mujeres con cabezas grandes, cinturas pequeñas y caderas destacadas. Predominan las figuras de jorobados, enanos, acróbatas, contorsionistas, mujeres de dos cabezas y gemelos unidos. Las figurillas de Tlatilco abarcan toda la gama de representaciones humanas, particularmente las figuras de madres lactando al descubierto, mirando de frente mientras el infante se alimenta.




4. Mujer lactante con niño, Costa de Marfil.


En Costa de Marfil se encontró esta escultura; se le llamó “mujer lactante con hijo” para satisfacer al espectador occidental, puesto que el título alude a los cientos de imágenes de vírgenes con niños que se produjeron en Europa. La escultura simboliza el poder y el rol sociocultural de la mujer en las ceremonias y festividades de las comunidades Senufo de Malí, Burkina Faso y Costa de Marfil. El rostro de la madre adornado con incisiones y marcas muestra que ha alcanzado la pubertad; también, la figura rinde homenaje y honra la memoria de una madre anciana de Tekpa.


5. Yamauba amamantando a Kintoki, Kitagawa Utamaro, 1802.



Kintaro, el personaje infantil más popular de Japón es adoptado y amamantado por un espíritu en forma femenina, Yamauba. Solo este cuerpo de mujer lo puede lactar. En Japón, Yamauba es una criatura que practica el canibalismo y come ancianos. Yamauba amamantó a Kintaro, quien forma parte de la leyenda japonesa del súper niño que creció en el bosque y que se comunica con la naturaleza. Kintaro es un personaje muy popular en Japón y su imagen se utiliza para los libros de cuentos infantiles, anime y manga. Existe un santuario dedicado a Kintaro en el monte Kintoki, cerca de Tokio.


6. Yashoda, autor desconocido.


En India, Yashoda es la madre de Krishna (una de las divinidades más veneradas desde tiempos ancestrales). Su madre lo acaricia y lo observa con amor en esta imagen, la cual es recurrente en todas las culturas y es casi un recordatorio de que el Dios Krishna, la divinidad más alta, fue amamantado por el seno de una mujer.






7. Escultura del infante Krishna y la bruja Putana, India, siglo XVII.


En India, Putana es una bruja y también un demonio conocido como la "asesina de bebés". Fue contratada por el siniestro rey Kamsa para matar a Krishna, sobrino del monarca. La gigantesca bruja adoptó la forma humana para hacerse pasar por una nodriza y envenenar a Krishna. Para ello untó veneno en sus pechos, pero cuando Krishna succionó de su mama, no solo tomó la leche materna y el veneno, sino también el alma de la bruja. Putana retomó su gigantesca forma y cayó al suelo. Su cuerpo era tan grande que aplastó uno de los bosques de Vrindavan (el pueblo de Krishna). Cremar el cuerpo de la bruja llevó varios días y desde entonces Putana adquirió el estatus de nodriza de Krishna.

8. Juchitán, Graciela Iturbide.


Entre 1979 y 1988, la fotógrafa mexicana Graciela Iturbide realizó una serie de visitas a Juchitán, Oaxaca, en donde captó la forma de vida local. Juchitán es una sociedad matriarcal y desde principios del siglo XX, las mujeres de Juchitán -las tehuanas- han sido símbolos e íconos de México. Las fotografías de Iturbide capturaron lo público y lo privado como lo muestra esta cotidiana imagen de una niña buscando el pecho de su madre.






9. La casa de la maternidad, Kati Horna, 1937


En España Kati Deutsch, conocida como Kati Horna, capturó La Casa de la Maternidad en un antiguo convento en Vélez-Rubio, Almería, un espacio que daba refugio y protección a las madres y a los niños evacuados por los disturbios bélicos. La imagen es parte de una serie de fotos que Horna tomó a varias mujeres lactando, utilizando el encuadre frontal de la mujer para subrayar la conexión afectiva de las madres sobre los desastres de la guerra. Kati Horna fue una fotógrafa anarquista nacida en Hungría y mexicana de adopción.


10. Madre migrante, Dorothea Lange


En Estados Unidos, la fotoperiodista Dorothea Lange capturó esta imagen mientras trabajaba para la Administración Federal de Seguridad Agrícola. Madre migrante conmovió a miles de estadounidenses durante la época de la Gran Depresión. Lange afirmó que la madre era una migrante europea. Recientemente un artículo publicado en LosAngeles Times reveló que la señora Thomson -la madre migrante- no era de ascendencia europea, sino más bien nativa americana: una Cherokee de Oklahoma. La pregunta es si se sentirían igual de conmovidos los estadounidenses al saber que la madre migrante no era europea.


11. Autorretrato amamantando, Catherine Opie.


Las fotografías de Catherine Opie exploran nociones de identidad queer y género en su propia cotidianeidad. Este autorretrato está hecho a partir de las tradicionales e iconográficas pinturas europeas de las madonas lactando al niño Jesús.










12. Mujer barbuda Magdalena Ventura con su marido, José de Ribera.


En España, durante los siglos XVI y XVII, hacer pinturas sobre lo “no normativo” conformaba una práctica regular. Solía ser muy común retratar enanos y personas con cuerpos únicos. El mecenas Fernando Afán de Ribera y Téllez -Duque de Alcalá - al enterarse de la existencia de una mujer con barba, decidió invitarla junto con su marido a su palacio de Nápoles para que fuera retratada por el artista José de Ribera. Magdalena Ventura fue retratada lactando a su pequeño infante.






Estas imágenes son un testimonio sobre la diversidad de las maternidades. Todas ellas comparten un común denominador: la supervivencia del infante y la crianza con apego. La fórmula se inventó a finales del siglo XIX y esta práctica de alimentación artificial acabó por desplazar a la lactancia natural durante el siglo XX. La fórmula se empleó como alimento para miles de infantes huérfanos de guerra y para los bebés de madres obreras. A partir de la creación de la fórmula se generó el tabú de amamantar en espacios públicos. Afortunadamente, la crianza con apego ha resurgido y actualmente se apuesta por la lactancia natural y se lucha por el derecho a amamantar en espacios públicos.


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