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Dos artistas del desierto canadiense

Miruna Dragan (Bucarest, 1975) y Jason de Haan (Edmonton, 1981) viven y trabajan en una cabaña en los Badlands, una región en la zona sur del estado de Alberta, en Canadá, famosa por los incontables hallazgos de osamentas de dinosaurio. Artistas multidisciplinares, establecieron su taller y centro de operaciones en una de las geografías más agrestes del continente.

Hace 75 millones de años, el sur del estado de Alberta estaba cubierto por bosques subtropicales: Triceratops y Estagosaurios se paseaban a sus anchas en lo que ahora es el traspatio de Miruna y Jason. Actualmente, esta región es un tesoro para geólogos y paleontólogos. El “desierto canadiense”, como lo llaman algunos, es también epicentro de la industria del carbón y patio de recreo para diversos grupos de motoristas (entre quienes se encuentran algunos de los auténticos Hells Angels) que hacen escala y pernoctan en los saloons en decadencia de los pueblos fantasma que sobreviven de la época dorada de la minería.

En este contexto, sumergidos en un valle poblado de venados, mapaches y castores, esta pareja de artistas se ha labrado una trayectoria que integra escultura, instalación, dibujo, collage y piezas audiovisuales. Ya sea de manera individual o grupal (a través del colectivo Corbin Union), Jason y Miruna han consolidado una identidad artística elusiva y en constante reinvención.

La crítica ha calificado su trabajo como postconceptual; sin embargo, esta etiqueta es limitada cuando se trata de hacer una revisión detallada de su obra.

Miruna, por un lado, ha explorado la relación entre el espacio, la luz, la textura, la materialidad y los colores (los rangos de los modelos RGB y CMYK). Sus instalaciones suelen ser inmersivas e invitan al espectador a habitar el espacio de otras maneras. Ejemplo de ello es Another Name for Everywhere, montada en 2016 en la Southern Alberta Gallery, en la que los visitantes tenían la posibilidad de recorrer la sala desnudos y en solitario.



Another Name for Everywhere, 2016. Southern Alberta Gallery

Esto ocurre también en A Cloud of Forgetting, de 2019, inspirada en el clásico homónimo del siglo XIV, y en la que Miruna pintó durante veintiún días las cuatro paredes de la sala con tinturas naturales, hasta crear una ambientación dislocada y enrarecida. Colgando del techo penden móviles con diversas formas líquidas moldeadas en aluminio, en alusión a las antiguas técnicas de molibdomancia, las cuales emplean el metal fundido para la adivinación.



A Cloud of Forgetting, 2019, Museo de la Ciudad de Querétaro.

En Mountains are mirrors, una serie de fotografías digitales de gran formato intervenidas con grafito, las sombras de las montañas se transforman en un espejo de las visiones de la artista. El paisaje se ofrece al espectador como una geografía en donde habitan lenguajes de luces, sombras, figuras, espectros y abstracciones que recuerdan a los mares de la luna.



Mountains are mirrors, 2012, grafito sobre impresión digital.

El trabajo de Jason de Haan, por su parte, muchas veces se basa en la conjunción de elementos que, en apariencia, no tienen mucho que ver el uno con el otro. Al modo de los balances químicos, la obra de Jason materializa relumbrones poéticos y crea un lenguaje propio a partir del collage, la fotografía, el performance y la instalación. Sus piezas irradian el brillo de los inventos infantiles y detonan el asombro de las sincronías y los descubrimientos inesperados.

Basta evocar el peso y la sensación que provoca su Bola de Cañón, una esfera de metal fundido fabricada con monedas de todas las denominaciones del mundo, sus bustos de bronce con barbas de sal, su estructura geométrica con bebederos para colibrís o su intervención con post-its de El Señor de las Moscas (un homenaje al clásico de William Golding), para tener la certeza de estar frente a un artista que ha creado un lenguaje propio.











Cannon ball, 2011





Salt beard, 2009

Lord of the flies, 2008


Structure for Observing Atypical Flight, 2018


Al igual que en la obra de Miruna, la geografía prehistórica de los Badlands permea el trabajo de Jason. Como botón de muestra sirven los incontables humidificadores/fósiles que ha exhibido en distintos museos y galerías. Por medio de estas piezas, de Haan plantea una reflexión sobre el paso del tiempo y la impermanencia: los restos fósiles (un caparazón de tortuga, un caracol o un hueso hallados en las inmediaciones de su cabaña) erosionados por el vapor caliente generado en tiempo presente. De este modo el espectador encuentra la posibilidad de respirar partículas que estuvieron atrapadas bajo la roca durante miles de millones de años. Arte expandido para ser inhalado y exhalado.





















Free and easy wanderer, 2014


En conjunto, Miruna y Jason han creado proyectos conmovedores, como el que realizaron en 2011 junto a su amigo Daniel Bosch, quien por entonces trabajaba como vigilante de incendios en una torre solitaria inmersa en los bosques del norte de Alberta.

Para sobrellevar sus horas de soledad, Bosch construyó un chelo muy delgado (capaz de ser trasladado a través de la estrecha escalera de su torre de vigía) y notó enseguida que el sonido de su instrumento, amplificado por el techo cupular de su torre, resonaba con potencia en varios kilómetros a la redonda. Miruna y Jason grabaron y filmaron todo este proceso; el resultado fue The Wood and Wave Each Other Know, una pieza documental que explora los límites de las vibraciones sonoras y su relación con la música y el paisaje.


Extracto de The wood and wave each other know, 2011


Vista en retrospectiva, la obra de Miruna Dragan y Jason de Haan integra una reflexión profunda y sutil sobre las relaciones que establecemos con el territorio y la geografía que nos circunda y a los cuales estamos ligados a través de sus paisajes, su flora y fauna, sus habitantes y las herencias culturales de nuestros antepasados.

Su obra prescinde de los efectismos estetizantes y de los alardes iconoclastas tan habituales en el arte contemporáneo; por el contrario: es simple y compleja, sugerente, paradójica y sorpresiva. Cultiva esa virtud infrecuente que emana de la atención a los pequeños gestos, a los tropiezos cotidianos y a los universos habitables que florecen en la imaginación.

Como esos anillos de oro que a lo largo de los años Jason ha colocado en todo tipo de árboles y plantas, esperando a que la naturaleza haga su trabajo hasta fundirse con el metal, la obra de esta pareja de artistas es una respuesta, delicada y rotunda, al misterio y a la belleza que nos cobija.


El matrimonio

 

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