Democracia para las niƱeces y adolescencias
- MarĆa Emilia López
- 30 jun 2023
- 6 Min. de lectura
¿Qué aportan (o pueden aportar) las bibliotecas a la noción de democracia para la primera infancia? ¿Qué significa democracia en términos de inclusión cuando hablamos de primeros lectores? ¿Qué relaciones existen entre la democracia, la lectura y las interacciones humanas?
Democracia para bebƩs
Los bebés, mi público favorito, con los que paso horas y horas de lunes a viernes, en una intensa convivencia humana, lúdica y lectora, son los seres mÔs enigmÔticos en el plano de la lectura. Sin embargo, durante mucho tiempo fueron invisibles en las bibliotecas, de la misma manera que los libros estaban ausentes de los jardines de niños.
Sin entrar en demasiado detalle, podrĆa decir que los 80 niƱos y niƱas de 45 dĆas de vida a 3 aƱos, a los que acompaƱo cada aƱo como directora de un centro de educación infantil, se convierten, en esos escasos tres aƱos compartidos, en eximios lectores, en lectores literarios de alto vuelo, en seres metafóricos que hacen del lenguaje verbal una casa propia perfumada y permanente, que los cobija del tumultuoso magma de sentidos en pugna de estos tiempos.
Democracia para bebĆ©s, en el plano de la lectura, es hacer que las polĆticas pĆŗblicas los registren como seres hambrientos de lengua escrita, de oralidad poĆ©tica, y provean los insumos materiales y humanos necesarios para que la situación de lectura, de lecturar, acontezca.
No todas las familias tienen acceso a los libros, eso ya lo sabemos, menos aun cuando tu hijo tiene 6 meses y todo urge mĆ”s que la lectura, āaparentementeā.
¿Por qué señalo y encomillo lo aparente?
Los bebĆ©s son bĆ”sicamente seres de interacción, y en un mundo donde el lenguaje oral se adelgaza, donde los adultos estamos mutando hacia otra formas de interacción que no ponen en juego el cuerpo, la palabra, la gestualidad, y por lo tanto vamos perdiendo ciertas habilidades para la sincronĆa rostro a rostro, cuerpo a cuerpo, (algo fundamental en las demandas de los bebĆ©s), la presencia de los libros y de mediadores que articulen la relación bebĆ©, madre / padre / abuela / maestra y libro resulta fundamental.
"No sĆ© cómo jugar con mi hijito, no sĆ© cómo hablarle, no sĆ© hablarle, no sĆ© hablarā¦
El libro te da prestado ese repertorio de lenguaje y ficción que comienza a entrama el hablar. El libro dice por ti aquello que tu lengua no puede hacer vivir espontĆ”neamente, el libro te ofrece un campo de ficción que supera a la realidad, y te permite āactuar como una madre y no como una unidad de emergenciaā, como dice Rachel Cusk en su libro sobre la experiencia de ser madre. Una unidad de emergencia atiende necesidades bĆ”sicas como comer, dormir, estar limpio, una madre humana atiende tambiĆ©n la necesidad bĆ”sica de poesĆa, de lenguaje, de ensoƱación y juego.

Las madres, los padres, los adultos maternantes en general recibimos una fuerte demanda filogenética con cada bebé al que acompañamos: producir el encuentro, de lenguaje, de corporalidad, de sentido humano para esos seres que nacen, aunque lo hagan tras nueve meses de embarazo, inmaduros para autoabastecerse biológica, psicológica y culturalmente.
La conciencia humana surge a partir de la musicalidad elemental de los ritmos corporales vibratorios y sonoros compartidos entre la madre y el bebĆ©, cuando ella da de mamar, acaricia, mece, habla, arrulla y acuna al reciĆ©n nacido, seƱala el biólogo chileno Humberto Maturana. Yo agregarĆa que en tiempos contemporĆ”neos somos muchas las figuras que constituimos esos eslabones rĆtmicos compartidos, elementales para la conciencia de sĆ, para entrar en el devenir cultural compartido. Ese es el inicio del largo viaje hacia la intersubjetividad, es decir la posibilidad de estar en estados mentales compartidos con los otros, de encontrarnos mente a mente, de sintonizar sensibilidades.
Y entonces vale preguntarnos: ĀæquĆ© harĆan los bebĆ©s sin la interacción humana de lenguaje? En 2023, la relación con la oralidad, la mirada, la disponibilidad de los cuerpos para arrullar, mecer, contener en el regazo se vuelven esenciales para pensar las niƱeces, porque en esos recursos de interacción afectiva se fundamentan muchos procesos de construcción psĆquica, social, simbólica. Y no sólo cuando somos bebĆ©s, porque la memoria inconsciente de ese tiempo primigenio nos acompaƱa toda la vida.
Y en este sentido, quisiera posar la atención sobre otro elemento indispensable: la mirada conjunta.
El antropólogo Ragnar Behncke escribe:
āLa capacidad de conectar la mirada en un referente comĆŗn es la clave de la colaboración, pues actuar colectivamente requiere sintonizar la intención y acción con otros de una manera muy sofisticada. La parte blanca de nuestros ojos no la tiene ningĆŗn animal y evolucionó en los primeros humanos justamente para ayudarnos a leer la intención del otro y conectar nuestras miradas en un objetivo comĆŗn. AsĆ tambiĆ©n, surgen las seƱas y gestos con las manos que nos ayudan a indicar referentes comunes donde sincronizamos nuestra atención, dando paso a un foco comĆŗn donde nos coordinamos para resolver colectivamente un desafĆoā.
La mirada conjunta se convierte en otro eslabón imprescindible en el camino hacia la intersubjetividad. El lenguaje es en primer lugar un sistema de señas y gestos que nos permiten concentrarnos en un mismo objeto, situación, espacio. Este proceso no solo fue fundamental a nivel filogenético, sino que es el que reproducen todos los bebés en su acercamiento al mundo de la cultura, a la intersubjetividad y al lenguaje verbal. Y es también el proceso que empleamos para la lectura compartida de libros.

Alejandro Zambra dice en su Ćŗltimo libro, en el que relata la historia de su paternidad, atravesada por la literatura:
āAntes, cuando reciĆ©n caminabas, me veĆas leyendo solo y trepabas a mi regazo para interponerte entre el libro y mis ojos, igual que los gatos, aunque tenĆas la cortesĆa de no araƱar las pĆ”ginas. Pronto perdiste esa cortesĆa, porque de la curiosidad pasaste a la rebelión: verme leyendo solo, en silencio, comenzó a volverse para ti intolerable y me quitabas el libro o rompĆas la hoja. Y es que la lectura en silencio parece individualista, avara, marchita. Ahora, cuando me sorprendes en el acto mezquino de leer en silencio, me pides que lea en voz alta y yo siempre acepto, de manera que ya conoces frases de Jenny Offill y un par de versos de Idea VilariƱo y hasta dos o tres pĆ”rrafos de La montaƱa MĆ”gicaā.
Democracia para bebĆ©s, para las niƱeces, es otorgar mirada conjunta. Porque con la mirada conjunta ofrecemos el material que garantiza el fluir del psiquismo, la seguridad afectiva que genera ser capaz de estar en estados mentales compartidos, el lenguaje que habita el tiempo poroso de estar juntos, que muta del pequeƱo gato escurridizo que trepa entre los muslos, los brazos, la cadera del adulto para adueƱarse del contacto mĆ”s Ćntimo, sin permiso, hasta el pequeƱo que se une al padre a travĆ©s de la voz, en ese hiato mĆ”gico entre lectura y sentido, cuando no es tan importante quĆ© dice un texto sino quiĆ©n lo dice, cómo lo dice y cómo funciona la mĆ”quina musical de la lengua.
Quisiera pensar una dimensión polĆtica para la mirada conjunta. Democracia para bebĆ©s, niƱas y niƱos y sus familias, es tambiĆ©n repensar, discutir, instalar espacios y dispositivos que nos lleven a la mirada conjunta, un eje fundamental de la experiencia de alteridad y en el desarrollo del sĆ mismo, esa menuda tarea que tienen por delante todos los niƱos, niƱas y jóvenes.
Y las bibliotecas tienen mucho que hacer en este sentido. Cada vez que nos preguntamos por los bebĆ©s lectores, por las niƱeces y sus derechos lectores, estamos pensando no solo en libros sino en mediaciones, en la creación de entornos culturales en las que todas las familias puedan hallar de quĆ© hablar, cómo hablar, quĆ© leer, y construir mirada conjunta. Una polĆtica cultural de la mirada conjunta me parece una idea casi urgente.
Cada uno de los espacios en los que trabajamos con primeras infancias reclama una polĆtica de interacción humana, un tejido de eslabones que articulen el lenguaje oral y el lenguaje escrito con la experiencia de la voz y el ritmo narrativo de la vida. Las bibliotecas pĆŗblicas, las salas de lectura, los jardines de niƱos, los centros infantiles y muchos otros espacios alternativos podemos asumir la responsabilidad de enlazar no sólo libros y niƱos, sino de construir intersubjetividad, que hoy por hoy es lo mismo que decir construir humanidad. Para eso hace falta garantizar la presencia de muchos buenos libros, pero no solo eso: tambiĆ©n es indispensable pensar quĆ© hacer con la parte blanca de nuestros ojos.|
Referencias
Cusk, Raquel (2023). Un trabajo para toda la vida. Sobre la experiencia de ser madre. Barcelona: Libros del asteroide.
Behncke, Ragnar (2022). La evolución del aprendizaje. Fundamentos biológicos para reimaginar la escuela. Chile: Fundación La Fuente
Zambra, Alejandro (2023). Literatura infantil. Barcelona: Anagrama
** Este texto es un fragmento de una ponencia compartida en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el 5 de mayo de 2023. La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) me invitó a participar del Encuentro nacional de bibliotecas populares, bajo el lema āArgentina lee la democracia, 40 aƱosā. La solicitud para esta intervención fue una serie de reflexiones sobre democracia para niƱos, niƱas y adolescentes. En este fragmento voy a compartir algunas ideas sobre democracia y lectura, desde mi estrecha relación con bebĆ©s, niƱas y niƱos pequeƱos y sus familias.
MarĆa Emilia López es especialista en educación temprana, escritora, activista cultural, directora de un centro infantil para niƱas y niƱos de 0 a 3 aƱos y sus familias, en el que el arte y la lectura son experiencias bĆ”sicas cotidianas. Publicó varios libros, entre ellos āUn pĆ”jaro de aire. La formación de los bibliotecarios y la lectura en la primera infanciaā (Editorial Lugar) y āĀ”Ay, barquito de papel!ā, ilustrado por Laura Varsky (Editorial Ojoreja).
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