• Jardín Lac | Tere López Avedoy

Celebremos: lo circulante, lo móvil, lo al paso



Lighthouse Traveling Library (1876) § MICHIGAN LIGHTHOUSE CONSERVANCY



Jardín Lac se une a la celebración española del Día del Bibliobús. Desde nuestro territorio en red –sin territorio– nos atrevemos a evocar a las bisabuelas de los bibliobuses: maletas, valijas, cajas abiertas al mundo, para celebrar la continuidad de las acciones micro, a veces tan individuales, solidarias y siempre siempre entusiastas. Esta es una entrada agradecida por la circulación pública, itinerante y gratuita del libro (y muchos nuevos soportes) realizada por instituciones y agentes públicos y privados.


Los viajeros originales: las colecciones rotativas

En la circulación pública y gratuita de libros que va más allá de nuestras bibliotecas tradicionales, con modestas dimensiones y acervos seleccionados, se entrelazan dos viejas historias: la de las bibliotecas circulantes, itinerantes o viajeras (Traveling library) y la de las bibliotecas móviles (Bookmobile). Las primeras se refieren específicamente a acervos y colecciones circulantes; las segundas surgieron poco tiempo después, como servicios de extensión de bibliotecaria alrededor del libro.



Acervos circulantes: bibliotecas viajeras al encuentro de grupos y organizaciones.


En el primer caso, las bibliotecas circulantes o viajeras iniciaron como pequeños fondos reunidos para el préstamo público, originalmente con libros religiosos que pronto incorporaron temas laicos. Como su nombre indica, circulaban o viajaban entre pequeños grupos y comunidades y con el paso del tiempo, entre bibliotecas. Como modelo, su historia formal inicia con las cajas de préstamo de Samuel Browne en el siglo XIX (50 ejemplares), que a su vez eran la versión moderna de las cajas de préstamos de Tomas Bray en zonas rurales inglesas y plantaciones extranjeras de 1618 (100 ejemplares), tan solo un siglo y medio después del primer libro impreso por Gutenberg.


Pronto la iniciativa de Browne migró a Escocia e Inglaterra, y entre 1833-1839 aparecieron bibliotecas circulantes en Irlanda, Rusia, Sudáfrica, las Antillas y Estados Unidos, Australia (1859), Alemania (1871). Otros nombres que impulsaron esta historia de los acervos circulantes, en una época donde el libro no era sujeto de préstamo, son los de George Moore (1857), Joseph Holbrook, William Brown y en las bibliotecas públicas estadounidenses, el famoso Melvin Dewey (1892).


Para 1900 aproximadamente 30 estados de la Unión Americana contaban con algún tipo de servicio de biblioteca viajera para reforzar sus primeros sistemas de bibliotecas. Las viajeras o circulantes eran transportadas por ferrocarril, carruajes o barcos, y viajaban a estaciones y bibliotecas cercanas a campamentos madereros, escuelas unitarias, oficinas postales y casas particulares, para ser utilizadas por asociaciones.


Un ejemplo de su dinamismo: la enciclopedia de bibliotecas registra que estudiantes del Hampton Institute en Virginia llevaban libros a lectores afroamericanos, y la Biblioteca Pública de Brooklyn circulaba libros a tiendas departamentales, fábricas de guantes y zapatos, así como a fábricas de vehículos de bomberos.


Las bibliotecas circulantes eran muy utilizadas y al inicio de la Primera Guerra Mundial enviaron sus libros al frente para beneficio de los soldados. Terminada la guerra, muchas bibliotecas circulantes regresaron a formar parte de los acervos de bibliotecas de condado, de sucursales, así como a vagones, y se conformaron bibliotecas en automóviles.


La portababilidad de los acervos hizo que fuera fácil tomar el rumbo de lo móvil (Bookmobile).

La Primera Guerra Mundial circuló acervos a otro continente... y de regreso.



La biblioteca se hizo móvil: carruajes, vagones, buses y ...

Biblioteca Periambulante de Warrington § Warrington History Society

En el segundo caso, la historia de las bibliotecas móviles (Bookmobile) ha sido ampliamente comentada e historiada en los países anglos. Su representante más longevo es el bibliobús o bibliomóvil y nació cuando los fondos se desplazaron para el disfrute directo de la persona lectora, no para circular entre bibliotecas: es decir, cuando los acervos se conceptualizaron como servicio de biblioteca tal como la entendemos hoy en día. La biblioteca móvil (bibliomóvil, bibliobús) es utilizada en numerosos países y solo relataremos su origen de forma muy breve. Como una semilla.


En Reino Unido se crea la Biblioteca Periambulante de Warrington (1858), financiada por el Instituto de Mecánica de la ciudad, que la consideró un éxito rotundo. En Alemania nace la Wander-buchereien o Wanderbibliotheken (1871), desarrollada por Karl Preusker, que 40 años antes había creado la primera biblioteca municipal alemana.


En Estados Unidos, a inicios del siglo XX Mary Lemist Titcomb, una bibliotecaria del condado de Washington, Maryland, desarrolló una pequeña red de estaciones de depósito de libros. Como deseaba llegar a quienes tenían menos acceso propuso y diseñó la primera biblioteca estadounidense ambulante (no circulante): el carruaje de libros de la Biblioteca Gratuita del Condado de Washington (1905), que en pocos años se convirtió en un vehículo motorizado. Para 1911 la Biblioteca Pública de Nueva York ya contaba con servicios móviles y 30 estados tenían leyes para estos servicios.


Cataluña fue armando desde hace cien años un sólido servicio de bibliotecas públicas y durante la guerra civil española estableció el Servicio de Bibliotecas del Frente con un legendario bibliobús.


Durante la Segunda Guerra Mundial, los aliados utilizaron vagones-biblioteca, y después del conflicto los bibliomóviles siguieron desarrollándose en Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia. Desde 1950 la Unesco incluyó al bibliobús como parte fundamental del servicio de extensión bibliotecaria (por esa época Francia creó un bibliotren). Las bibliotecas móviles (Bookmobile) continuaron utilizándose a lo largo del siglo XX en distintos países del mundo, desde Holanda a Corea, mientras que en Latinoamérica su uso data de tres décadas.


Las bibliotecas móviles han llegado a muchos sitios, incluso antes que la electricidad, el agua potable o la telefonía, en paz o en guerra, en zonas urbanas o rurales.


El inicio de las bibliotecas móviles (Bookmobile) incluye carruajes, valijas y maletas, cajas (practicamente libreros móviles), mochilas viajeras, los primeros modelos de automóvil, vagones de tren, así como autobuses, barcos, lanchas, bicicletas y vehículos de transporte, pero también animales, como las bibliotecas a caballo montadas por las mujeres-libro norteamericanas en los años 40, los camellos porteadores de libros utilizados en Kenia desde mediados de los 80, y que se han extendido a otras regiones africanas o de Mongolia, así como los famosos biblioburros colombianos o los menos conocidos elefantes tailandeses.



La biblioteca in/móvil: ¿una historia circular?

Ahora que los lectores estamos por todas partes, surgen las microbibliotecas que, por qué no decirlo, evocan –quizá sin querer– a las antiguas cajas de libros circulantes o maletas. Un proyecto pionero ha sido Little Free Library Take a Book: Share a Book, surgido en Wisconsin en 2009, como bibliotecas gratuitas costeadas por particulares, permanentemente a disposición de los peatones. Para finales de 2020, las Little Free Library alcanzaron las 100,000 bibliotecas en más de cien países y continúa expandiéndose.


En Latinoamérica, usualmente con déficits de equipamiento bibliotecario, existen iniciativas en países con gran tradición de bibliotecas populares autogestivas como Argentina y Colombia, basadas en la reciprocidad y la confianza. En el primer país han tomado fuerza las bibliotecas al paso, que desde hace un lustro han reutilizado todo tipo de materiales y aparatos para el acervo: desde refrigeradores a canastos, cabinas telefónicas, cajas del tamaño de un buzón. Jardín Lac les contará muy pronto sobre la experiencia de una biblioteca al paso en Buenos Aires. Mientras que en el segundo, el Sistema de Bibliotecas Públicas de Medellín ha iniciado las llamadas Bibliotecas de la Confianza (2019), que estacionan en sitios públicos como parques pero también al interior de las comunas.


Las bibliotecas de la confianza se han extendido a distintos países: por ejemplo en Perú (una habita en el tronco de un árbol) o México, donde poco a poco han ido apareciendo en el interior y exterior de cafeterías, librerías, centros comerciales, etcétera.


Asturias (hacia 1936) | Chula Vista, Ca (2019) | Litle Library Kids | Comuna 13, Medellín (2020)


Qué alegría la vigencia de lo móvil, el esfuerzo hormiga para hacer llegar a nuestras vidas historias, poemas, canciones, novelas y muchas cosas más desde hace varios siglos. Desde antes de que existiera la web, los sitios de descarga, Youtube, Netflix. Gracias por sortear distancias, por su vocación tan al margen de recintos.


Para Rosa Bús González Toledo

Para Elizabeth Carvajal & Allan Browne




Lecturas en expansión


  • ESPAÑA - Universo Abierto

Historias y experiencias compiladas por el magnífico Blog de la biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca.



  • ESTADOS UNIDOS - Del field a la biblioteca

Historia animada de StoryCorps sobre cómo la biblioteca móvil cambió la vida de una bibliotecaria.



  • ETIOPÍA - Camel Mobile Library (2010-2021)

Save Children cuenta la historia de Mahadiya y los 21 camellos que caminan entre las dunas etíopes para llevar bibliotecas de hasta 200 libros en cajas de madera en plena época de Covid-19. El proyecto Camel Mobile Library, iniciado en 2010, actualmente llega a más de 22,000 niños y niñas en 33 aldeas.



  • IFLA-CHILE

Nuestros amigos celebran el día del bibliomóvil hasta el mes de octubre y nosotros no pudimos esperar. Pero sin duda hay que echar un ojo a Lecturas en Movimiento / Pautas IFLA sobre Bibliotecas Móviles (2016) que integra las recomendaciones de la federación y la experiencia chilena.


Cortesía de: camaradellibro.cl




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