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Paisajes del sur global: Las historias reflejadas de Peter England, por Roberto de la Torre

  • José Manuel Springer
  • 5 jun
  • 5 min de lectura

Actualizado: 12 jun

Peter England es una acción performática realizada por el artista Roberto de la Torre. El nombre responde a una marca de una empresa que vende trajes para caballero en Nueva Delhi. El artista usó la marca para darle título a la acción, haciendo una referencia oblicua a la manera en que se usa ese nombre idiosincrático como estrategia de venta en el Sur Global. Roberto de la Torre compró el traje que lleva en la acción, cargando un espejo a cuestas, la intención es hacer referencia a ese tipo de hombres de negocio que recorren el mundo en busca de oportunidades de negocios. La intención del artista fue reflejarnos en la figura de ese hombre que todos los días recorre el mundo por medio de la pantalla de un celular, sin otro objetivo más que espejear-se.


Una narrativa con imágenes es producto de un relato; la anécdota busca relacionar personajes, paisajes y acciones de los involucrados, que aparecen en las imágenes, producto de un performance.



La obra es el performance, no la foto; sin embargo, no podemos perder de vista esta especie de collage, de una imagen dentro de otra, en la que el mono se detiene sobre el hombro del performer, curioso de ver su propio reflejo. Esa es la tarjeta postal surrealista, la de una extraña coincidencia de dos elementos opuestos: en el plano de fondo un hombre cuyas piernas de piel oscura asoman sobre el pavimento y un mono también desnudo sujeto por la correa. Para completar el círculo que describió el Conde de Lautréamont, el contexto creado por el extranjero de traje, que sostiene el espejo las hojas verdes, como una falda ocultando al hombre que sujeta la correa.  Una inversión de símbolos y situaciones paradójicas, que el fotógrafo supo capturar.

 

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Una ciudad como cualquiera, con edificios y anuncios luminosos. Autobuses de turistas estacionados frente a un hotel. El del performance recorre la calle con el espejo a cuestas. El fotógrafo se las arregló para tomar el lado opuesto de la calle, escondido detrás del brazo del que porta el espejo. La estrategia es la misma: la imagen dentro de la foto. En el reflejo se puede ver una mujer que mira atenta hacia sí, sin conciencia. El punctum de Roland Barthes: otra mujer la mira a ella desde un cartel. La luz de este lado ilumina con color sepia la escena. Un hombre con las piernas cruzadas aguarda sin esperanza, otro lleva ropa sucia entre los brazos. Varios mundos dialogan sin que nadie, excepto el perfomer, considere su presente.  


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Esta imagen me trajo a la memoria la Montaña Mágica de Thomas Mann. La mitad del mundo es una montaña de basura, un paisaje de miseria expectante, donde mora una pareja y su hijo. Un hombre bien vestido subido en la cima carga una pantalla, en apariencia un celular gigante. En la proyección se ven costales de plástico llenos de escombros y las piernas de algunos que habrán de llenar los sacos con más desechos rescatados de la basura. Una parvada de aves vuela en pos de alimento, rodean el espejo, como si esta aparente ventana se abriera a otro lugar con mayores posibilidades intangibles.

 

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El personaje Peter England se encuentra de pie ante la playa de Mumbay, cargado con un espejo que refleja el ecocidio, un lugar que debió ser un oasis se ha convertido en un caos de desechos de plástico, materiales de desecho y otras sustancias. Una realidad que cada vez es más frecuente en el mundo de hoy.

El Sol se pone en el horizonte, enmarcando con su luz mortecina las olas de inmundicias y las embarcaciones varadas entre la basura. Con la llegada del crepúsculo se cierne la pregunta, ¿cómo restituir a estos lugares su remota belleza? La pandemia nos demostró que la Naturaleza es resiliente, pero sin la voluntad humana, se extingue la esperanza. Desgarra la tensa tranquilidad el sonido de algunas máquinas, las voces lejanas, y la muda presencia de grandes torres de edificios, levantados a costa del sacrificio de muchas vidas. Un testigo aguarda con su solitario espejo.


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Un momento de descanso. La casa, siempre el refugio del alma. Levantada con muros de telas deslavadas, algunos palos sostienen el templete. Allá arriba en el cielo, una efigie extiende los brazos como signo de bienvenida a un jardín envenenado por el cascajo. Los colores dan a la escenografía el carácter de una carpa de circo venida a menos. A pesar de la necesidad resuelta urgentemente con los materiales disponibles, existe todavía el frágil destello de la mañana que promete. La violencia de la situación ha llegado al límite, pero la vida sigue creciendo, al igual que el caótico paisaje urbano, que cada día ve crecer a esos titanes de concreto reflejados en el espejo.


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Cuando la fotografía logra captar una escena como esta, nos sentimos movidos por sus signos y símbolos. Una banda azul con dos ceros crea la perspectiva, chocando contra el reflejo angular del espejo. Niños y adolescentes observan con azoro mientras rodean a la figura extraña que parece no reparar en ellos, pero los carga sobre el lomo de su saco brillante, de manera elegante. En el pavimiento destacan los plásticos de siempre. Los rostros persistentes, el mismo andar de la historia, que como la bola de Sísifo arrastra el destino de esa niñez hacia la nada y de vuelta al olvido.


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Destaca la mirada de ese rostro infantil, en el centro de la imagen, con los ojos observando hacia arriba, de espaldas a la escena. Entre el suyo y los demás rostros existe un espacio para la elocuencia. No son objetos de la mirada, no son las masas urbanas, son individuos iluminados por la luz del acontecimiento.

El reflejo de la existencia pura. La fotografía reúne y hace visibles a los miembros de un grupo compacto que disfruta de la instantánea sorpresa de verse unidos. Dentro de una realidad dura, se producen momentos para la sonrisa, el abrazo, el beso, los gestos de emoción. El espejo es el ápice de una pirámide cuya base más extensa es la indigencia, pero también es el lugar de las caras iluminadas por el azar. 


Las siete imágenes son un registro de la acción Peter England, realizada por Roberto de la Torre en Mumbay y Nueva Delhi, India, en 2012. Fueron exhibidas en el Museo de la Cancillería, dentro de la exposición El futuro es una vuelta en U, en 2025-2026.

Dirección: Roberto de la Torre

Asistencia en fotografía: Babu Eshwar, Shilpi Sharma, Prince Shah, Vaibhav Sorte, Neha Kandalgaonkar

Agradecimientos: Esta obra fue realizada gracias al apoyo de Vadehra Art Gallery (Nueva Delhi, India) y Lakeeren, The Contemporary Art Gallery (Bombay, India)

José Manuel Springer es curador de arte contemporáneo, escritor y editor. Es profesor invitado de la Universidad de artes aplicadas de Viena. Recientemente presentó la exposición El futuro es una vuelta en U, en el Museo de la Cancillería, de la Ciudad de Mexico, 2025. Actualmente, prepara una antología de textos críticos de su autoría publicados entre 1987-2002. Entre otros títulos, ha publicado el Manual de Educación Interdisciplinar (Secretaría de Cultura,2016). Dos horas y 25 años, obra de Phil Kelly (2008).

 

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